Mónica es una vieja amiga mía. Llevábamos sin vernos más de ocho años hasta que un buen día alguien agregó una nueva dirección de correo electrónico a mi cuenta de usuario. Sorprendido acepté la invitación de esta misteriosa persona que decía conocerme muy bien hasta el punto de afirmar que ambos habíamos mantenido un “affair” en nuestra juventud. Después de un rato de conversación y muchos detalles llegué a la conclusión de que sin duda era Mónica, una chica de rostro angelical, estrecha y tímida con la que mantuve un noviazgo veraniego hace ya muchos años.
Deseoso de volver a vernos encendimos las webcams. Cuando descubrí esta hermosa figura en mi pantalla un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Inmóvil observé su cara durante un minuto sin poder decir nada…al fin reaccioné.
No fue fácil disimular el impacto que había causado su nueva imagen en mí. Hablamos durante horas y nos pusimos al día de todas nuestras aficiones, gustos y trabajos. Cuando le dije a que me dedicaba se echó a reír y me dijo “Te tengo que contar una cosa…” Mi corazón latía al mismo ritmo que mis ojos leían las palabras que iban apareciendo en la pantalla “Me gusta la moda, el sexo y la pornografía… he trabajado en números eróticos… una de mis mayores aficiones es visitar playas nudistas con todos mis amigos…” No me podía creer lo que estaba leyendo ¿podía cambiar tanto una persona en tan poco tiempo?
La conversación terminó, pero su imagen estaba clavada en mi retina. Esa misma tarde la llamé por teléfono y quedamos en una cafetería. Como todos imaginaréis me presenté media hora antes. Nervios, dolor de tripa, sudores ¿qué me pasaba?, lo supe nada más verla. Una mujer espectacular, con camiseta de tirantes, pantalones ajustados y gafas de sol, entró por la puerta.
Hablamos y hablamos durante mucho rato hasta que por fin me decidí y la dije:
- ¿Te gustaría ser Chica Lib?
- En serio… me encantaría.
La sonrisa más bonita que he contemplado en toda mi vida estaba sentada junto a mí diciéndome lo que cualquier hombre querría oír. Iba a posar desnuda para que yo la fotografiara “¿crees que me iba a dar vergüenza? Soy una mujer liberal y además no olvides que tu fuiste el primer chico al que besé… te lo debo. No te dejé tocarme ni una teta y ahora no hago más que follar. Estuve enamorada de ti, lo sabes ¿verdad?”
No pude dejar de pensar en esta conversación en toda la semana. Que mujer más bonita…y todavía no había visto lo mejor.
Me ocupé de prepararlo todo con mucho esmero. No quería que nada saliera mal y, gracias a Dios, todo fue perfecto.
Llegó puntual a la cita. La invité a pasar y ella aceptó con una mirada que se clavó en mi corazón. No tardó mucho en acomodarse y empezar a desnudarse. Lo primero que hizo fue quitarse la camiseta dejando al descubierto dos hermosos pechos que os puedo jurar, no tenía cuando yo la conocí. Continuó con los pantalones, lucía una esbelta figura bronceada hasta el último rincón. Se puso un pequeño biquini para hacer un poco el tonto mientras se lo quitaba lentamente.
La cámara echaba chispas. La mujer que tenía enfrente de mí era casi perfecta. Mirar que curvas, que ojos y que boca. Quedé hipnotizado al ver toda esa concentración de sensualidad en tan poco espacio. Desbordaba deseo, tenía vicio y le sobraba glamour.
La experiencia fue tan placentera que no lo tomé como un trabajo. Los dos disfrutamos un montón y pudimos conocernos un poco mejor.
¿Sabéis lo que más me llamó la atención? Que a pesar de tener ese cuerpo de infarto no va de guapa por la vida. Lo dicho, una mujer casi perfecta.
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