Es una chica seria que sonríe con mucha frecuencia. Habla mucho de los muchos hombres que ha conocido, pero a ninguno prejuzga.
Es joven, divertida, revoltosa y liberal, muy liberal. La conocí en un top-less de alto standing donde además de lucir sus preciosas tetas y servir copas, vendía amor de vez en cuando, muy de vez en cuando, puesto que, por encima de todo, es una chica muy selectiva.
Juega a ser ingenua y descarada, pero ninguna de las dos cosas es, aunque engaña perfectamente. Dice siempre que le gusta hacer el amor y no la guerra. Nadie ante su aspecto de mujer inofensiva, bondadosa y sin picardía alguna, podría asegurar que Laura posee cualidades únicas para enloquecer de amor y sexo a cualquier hombre que se le acerque.
Es una chica seria que sonríe con mucha frecuencia. Habla mucho de los muchos hombres que ha conocido, pero a ninguno prejuzga.
"Que cada cual sea como quiera ser".
Previa cita concertada, me acerco a ella en su lugar de trabajo para hablar de cuanto ella misma me ha propuesto y yo he aceptado:
LAS ZONAS EROGENAS DE SU CUERPO.
Y comienzo por lo que más a la vista tengo y, posiblemente, por lo que más hermoso tenga en su anatomía esta preciosa mujer, sus tetas.
Háblame de tus tetas, Laura.
Se echa a reir y sin prejuicio alguno, me responde.
- Es lo primero que los hombres me tocan, me besan, me mordisquean y me acarician.
Y yo añado: un buen principio para una mejor continuación.
- Lógico. -Me confirma ella. Y continúa con sus explicaciones.
LA BOCA Y SUS LABIOS.
Se explica con absoluta sinceridad.
-¿Si al amor le quitas el beso, qué le dejas? Por eso, los besos en la boca son tan primordiales al principio del polvo que nunca se les puede dejar atrás. Luego, esos besos, te los multiplicarán por todo el cuerpo y serán, en verdad, maravillosos, pero ninguno superará a los que ya te hayan dado y continuarán dándote en la boca, una zona del cuerpo humano tan útil a la hora de hacer el amor.
Seguidamente le pregunto yo y ella se pone a la defensiva:
- ¿Y los muslos y la entrepierna, Laura, no son importantes en la follada?
- Sí. Muy importantes y, al menos en lo que a mi respecta, es la parte de mi persona que más y mejor trabaja en esa follada que tú has mencionado. Es mi zona anatómica que aprisiona con habilidad única el cuerpo de mi amante para formar con él un nudo de imponderable belleza satisfactoria.
Un silencio, un suspiro, un sorbito de whisky para que la bella Laura continúe.
- ¿Y el culo? ¿Que me puedes decir del culo, amigo mío? -Ante mi mudez absoluta, añade:
- ¿Existe algo más erótico que un buen culo? ¿Algo que te perturbe más. Nadie puede resistirse ante ese majestuoso conjunto de carne que, además, posee una entrada misteriosa a misteriosos placeres ocultos.
EL CUELLO Y LOS HOMBROS
-Muchas, muchas personas se mueren por los mordiscos en el cuello, por recibirlos o por darlos. El cuello es una zona, respecto al sexo, que, si sabes trabajarla, te dará óptimos resultados. No en vano, también es, lo primero que se acaricia.
Y, amigo mío, como ya hemos hablado de las tetas, seguiremos hacia abajo.
EL VIENTRE, EL OMBLIGO, EL PUBIS.
Estas tres preciosas zonas eróticas son igualmente, parte del cuerpo humano imprescindibles en los juegos amorosos, porque ¿a qué hombre no le gusta restregar su polla por un vientre redondito, blanco y caliente? ¿Y a qué mujer no le gusta que le restrieguen por tal lugar esa polla? ¿Y el ombligo? ¡Qué precioso me parece el ombligo, sobre todo, si dentro de él, te colocan un brillantito? Llegamos al pubis, ese pubis sedoso, donde mejor se concentra el olor a mujer y donde al buen follador más le gusta aspirarlo.
Y, por último, lo enormemente sublime: la vulva en general, sus labios y la vagina. Horas podría estar hablándote a ti, excelso periodista, de estas joyas, de estas poderosas armas femeninas con las que una mujer de talento y de arraigada sexualidad puede y sabe vencer al hombre. ¿Qué hombre puede resistirse a embestir hacia ese rincón donde la sexualidad de la hembra es sumamente notoria y profundamente agradable?
Laura me mira a los ojos, espera respuesta y sonríe misteriosa.
Nada le contesto yo, Sólo me atrevo a preguntarle:
¿Y tú, Laura, utilizas cuanto sabes del sexo con todos los hombres a quien amas, aunque sólo sea por una noche?
- Querido mío, si yo hiciera cuanto tú dices, dejaría de ser la mujer selectiva que bien sabes que soy.
Y perdóname por tener que poner fin a la entrevista, pues, creo, que tengo un buen cliente que me reclama.
Se alza ella del butacón donde está medio tumbada, me atiza un enorme beso en la boca, que me trastorna y desaparece por los recovecos más íntimos de su lugar de trabajo.
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