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TORI WELLES, la verdad del sexo

Unos pocos títulos han sido suficientes para que Tori Welles adquiera rango de estrella. De Tori se ha dicho que ha tomado el relevo de Ginger Lynn y Traci Lords hoy llamadas para otros menesteres cinematográficos. Cualidades no le faltan y condiciones, menos. A la desgana feladora, el polvo funcionarial, a la mueca de disgusto o de desinterés, opone una excelsa credibilidad, una grata sapiencia y una voracidad inigualable. El punto de verdad, el grado de ignición, requerido para satisfacer los deseos, las fantasías del público, lo cumple con creces.

Tori en acción es un portento. Se entrega con una afición, un convencimiento, un brío sólo parangonable a diosas ya retiradas como Marilyn Chambers, Catherine Ringer, Ginger Lynn o Marina Frajese. Cree en lo que hace, y goza con ello. En movimiento es pura dinamita. Puede ser elegante y refinada (como en “Sexo y sangre”; la capa le sienta de fábula y sus afilados colmillos prometen placeres indescriptibles), pero mimando el toque canalla, dominadora, no tiene igual: compruébese en “Ardiente sin causa”; chupa de cuero, mirada retadora, morritos calientes, ofreciéndose cual vestal encima de la moto, donde obnubila a Tom Byron y Randy West. ¡Qué carrocería!
Se mueve como una pantera, se agita como un metrómono. Suspiros de placer, jadeos en dolby stereo (aunque sin igualar a Traci Lords: la reina del grito orgasmático), convulsiones espasmódicas, respiración entrecortada. Follando es incomparable. Sus masturbaciones dejan huella: a “Fantasías-de noche, hard” de culto firmado por el culto Andrew Blake nos remitimos. Con todo, es la soberana de la felación. Chupa, lame, traga, profundiza como nadie en el X de los 90. Siempre lleva la iniciativa. Manda en la jodienda. Le encanta mirar a su oponente, al que deja exprimido. «Observar su reacción a mis estímulos, mirarles cuando están a punto de correrse me enloquece. La relación para mí es como un juego».
En su filmografía hay momentos especiales. Particularmente destacamos, en el terreno lésbico («me gustan las mujeres, las amo. Empecé a trabajar en films de bisexuales. Todos los hombres no lo eran, pero la mayoría de las mujeres, sí. Es distinto con un hombre. Me encanta sentir la lengua de una mujer en mi sexo caliente»), No jugamos con chicos, a tope de calentura con Barbara Dare (¡uff!) y April West. Mientras que en temática heterosexual, y a mogollón, nos detenemos en “Orgasmos místicos”, comprometida a fondo con tres sementales y atendiendo entre pollas a la exigente Brittany Morgan. El calificativo de Lady Ardor, al ver esta secuencia, es más que merecido. Recomendamos, asimismo, observar este film y, por ejemplo, “Jinete salvaje”, para comprobar un cambio de medidas: antes y después de siliconar sus pechos. Californiana de Los Angeles, empezó como bailarina de strip-tease durante tres años. Conoció a gente de la industria del porno que le hicieron una oferta difícil de rechazar. Aceptó. Le encanta trabajar con F J. Lincoln, aunque casi todos los títulos editados en España llevan la firma de Paul Thomas. Su follador de cabecera es Randy West, «porque es sexy y seductor de por sí. No se esfuerza en parecerlo. Lo es por naturaleza». En sus ratos libres practica el surf y el shopping, ir de tiendas, y gastar dinero, mucho dinero. Se cree divertida, nada seria y se confiesa despreocupada. Odia los ataques de histeria y no comprende las depresiones. Se considera tranquila y pacífica. Abo¬rrece las peleas por motivos estúpidos. Su hombre ideal debe ser «simpático, culto, delicado, atento, nada prepotente y que sea un buen amante en la cama». Su vicio (nada oculto) es ser «terriblemente exhibicionista. Me gusta gustar, mostrarme a los demás, que vean lo que sé hacer. Me gusta saber que me observan, que estas personas se imaginan estar en mi lugar. Si me dedico a este oficio es tanto por placer personal como para satisfacción de los demás», y su fantasía con famoso es follar con Kim Bassinger y con Mickey Rourke, por «su aire diabólico y deliciosamente desagradable». Evidentemente, no nos sorprende al decir que le apasiona chupar vergas. ¡Es de ley! Su postura predilecta es follar a horcajadas, cabalgar encima del hombre. «Es divertido. Me entusiasma. Me satisface que me acaricien las tetas. También me entusiasma hacer el amor delante de un espejo. Ver mi imagen reflejada me excita».
En pantalla, pese a su fogosidad, rechaza toda especialización. Se prohíbe la educación anal y la doble penetración, lo que no significa que en privado las practique. Dejemos volar la imaginación... «En cine no hago guarradas», afirma categórica, y desde hace unos meses, nada de nada. Retirada (temporalmente, así lo esperamos), casada con Paul Norman, director de “Las siamesas” y de “Passion by fire” (bisexuales al loro), acaba de tener un hijo y de traspasar el espejo: al otro lado de la cámara ha dirigido a Racquel Darien en Red line. Deseando su retorno, deléitense con los vídeos abajo referenciados. Es una sugerencia de fácil cumplimiento. Tori Welles, toda una fiera, una fuerza de la naturaleza, jamás decepciona.

RAMON F. GARCIA


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