LOS TRAVESTIS DE SINGAPUR
Droga, jugo de coco, y prostitución es la mercancía más corriente en Bugis Street, la famosa calle de los mercados de Singapur. Mientras las autoridades combaten la proliferación de automóviles, la más antigua de las profesiones es ejercida por mujeres y travestis, en la exótica. Oriol Maspons viajó, y vivió aquello y ahora nos cuenta en exclusiva su testimonio.
En Bugis Street el turista puede encontrarse, entre los tenderetes de frutas verduras y jugo de coco, con la inesperada oferta de unos momentos de placer. Niñas de doce años y jóvenes de discutible belleza ofrecen sus cuerpos al viajero. Pero son los travestis, los que han copado el mercado de la prostitución en Singapur y los que, de momento, parecen tener más éxito. A diferencia de cualquier calle de Hamburgo, ésta, de la lejana colonia de los ingleses, sino por hombres que han decidido cambiar de sexo, haciendo de éste un producto más rentable.
Mientras las autoridades de Singapur han iniciado una intensa campaña contra la proliferación de automóviles, los taxistas transportan a sus clientes en bicicletas adecuadas al efecto, los canales de televisión se dedican a transmitir series eróticas y los hampones se forran sus bolsillos con el negocio de la droga y la prostitución. El vicio es la mercancía más corriente y dentro de él la heroína, el opio, el haschis y los travestjs, son los más solicitados por quienes buscan nuevas experiencias, en un país donde la miseria trata de ocultarse detrás del lujo o se la vende con la etiqueta del exotismo.
Singapur es uno de los principales centros en el mercado internacional de la trata de blancas, -y de allí parten miles de mujeres para abastecer cabarets, clubes privados y prostíbulos de todo el mundo. Muchas de esas mujeres que inician tan incierta aventura, tienen un pasado masculino, son hombres que han elegido dejar de serlo, y para ello han debido gastar miles de yens, que en más de una ocasión los obliga a echar mano a cualquier recurso, entre ellos, la prostitución para seguir subsistiendo. Ellos y miles de mujeres, han hecho de Bugis Street, la calle de los placeres prohibidos, placeres que cuentan con la “vista gorda”, cuando no el apoyo velado del Gobierno. Téngase en cuenta que en Singapur existen ocho canales de televisión, todos en color, uno de los cuales recibe la denominación de “El canal erótico”, en el cual pueden verse espectáculos y series, con el sexo como protagonista, no concebidos aún por nuestra TV, ni por nuestra prensa especializada.
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