EL EXTRAÑO DESEO DE SYDNE ROME
Sydne Rome, un nombre mágico que el mundo conoció a partir de una película de Polanski y que, por su belleza, no puede olvidar, ha iniciado una vida agitada que, para su promoción personal, le permite aparecer casi cada día en la sección escándalos de los principales periódicos de todo el mundo. LIB estuvo con la estrella en Roma par indagar las causas de su retiro del cine y éste es nuestro testimonio.
Y bueno, cada uno puede hacer lo que viene en gana. Raquel Welch disfruta de su aureola de mujer fatal y se siente cada más feliz en su nube, devorando helados de crema y exhibiendo vaporosas batas de seda rosa. Paul Newman corre como conductor de autos de Fórmula 1 y Polanski se ha mostrado, últimamente, como un poderoso organizador de fiestas negras. En fin, cada uno tiene lo suyo en el mundillo del espectáculo. ¿Qué rodaja de excentricidad le pertenece a Sydne Rome? Simplísimo de responder: la de creerse la dueña del mundo. En la historia de la humanidad ha habido innumerables seres que han intentado lo mismo, ya sea por medio del genio, de la fe o de los imperios económicos, y no es nuestro objetivo debatir el asunto. Pero debemos convenir que entre Platón y Carlos V, el problema, los medios y la magnitud de las empresas de ambos, la cuestión era diferente, puesto que tenían un criterio universal de sus propuestas. La señora Rome tiene, en cambio, un criterio absolutamente, práctico. Delirante, lo podríamos denominar. Los términos que ha elegido para su campaña son, al respecto, ejemplares: armar escándalos en aeropuertos que no se le permite subir al avión porque éste ya está a punto de volar, volcar una copa de whisky en las solapas de un camarero de un bar inglés porque el buen hombre cometió el pecado de llamarla “señorita”, provocar una pelea callejera en Roma porque un grupo de muchachos y chicas se le acercó para pedir un autógrafo. En fin. Los últimos días de la señora Rome recogen lo mejor que se puede pedir en materia de gritos y escándalos y parecen haber dejado atrás lo más importante de ella: su trabajo como actriz. No es que uno se quiera poner en pesimista, pero la Rome parece, en estos momentos, lo suficientemente desfasada como para no llamar la atención de ninguno de los directores “serios” del cine mundial. LIB, después de una incesante persecución por las calles romanas, pudo hablar, en un rincón semiprivado de un bar cercano a la Fontana de Trevi, cinco minutos con la estrella. Debemos confesar que su belleza es escalofriante; es lo suficientemente alta como para llamar la atención, tiene una piel seductora y, si bien en estos momentos parecía tener algún kilo de más –no muchos, uno, o dos, a lo sumo–, irradiaba una encantadora tersura. Su rostro, perfectamente delineado, es perfecto, y sus ojos son profundos y muy azules. Sydne Rome es una mujer bellísima, de eso no cabe duda, y su perfección raya en una imagen muy profunda de inocencia, difícilmente explicable por medio de la palabra, pero que, en los hechos, fue muy bien explotada por Polanski en “Ché”, una película que, en realidad, se llama “¿Qué?”, y que, en su esencia, constituye una moderada versión de “Alicia en le país de las maravillas”. He aquí una transcripción del diálogo sostenido con la estrella.
-¿Y qué pasa, últimamente, contigo?
-Nada. Me he decidido a vivir la vida con todo. Estoy aburrida de ser considerada “una muchacha valiosa”. Con eso no se llega a nada. Ya he tenido muchas experiencias, no puedo decir que soy una inocente. Así que hemos comenzado a viajar, a andar por el mundo, a participar en fiestas, a divertirnos.
-¿Eso es todo?
-Por el momento, sí. Me he pasado años enteros en los sets, repitiendo hasta el hartazgo la misma toma, soportando los delirios de Alain Delon o de cualquier tío de prestigio, aguantando el mal carácter de Polanski. Oh, no, no quiero nada más de todo esto por un tiempo. Estoy fatigada, harta de tanto trabajo.
-Pues en la práctica no parece así: después de “Raza de señores” no has hecho gran cosa…
-Yo no sé si tú sabes que en el mercado artístico las cosas son bastante raras. Tú tienes éxito y tu trabajo a lo largo de cinco o seis años está asegurado. Piensa, por ejemplo, que a Isabelle Adjani la Comedie Française le quería hacer firmar un contrato por quince años, algo verdaderamente increíble. Y bueno, a cualquiera de nosotros nos pasa lo mismo. Mis productores tienen pensada, recién para el año próximo, toda una campaña de relanzamiento para mí, y durante todo este tiempo voy a poder vivir tranquila. Dentro de seis meses regreso al cine, al “éxito” y a las demostraciones de talento. No olvides que a Mia Farrow, por ejemplo, le está pasando algo por el estilo, y las cosas se le van a encauzar perfectamente.
-Sí, pero tu negocio es otro.
-¿Cuál? ¿El erotismo? No, creo que va a ser bastante difícil que me vuelva a desnudar. Ya todo lo que se me ofrece es lo suficientemente “duro” como para que no me atreva a hacerlo. No es por nada, pero el amor, en la pantalla, y de verdad, no lo voy hacer por más dinero que me ofrezcan. Si a mí me gusta besar y ser besada por dos hombres a la vez, no por dos mujeres, te digo cualquier cosa para que me comprendas, esto lo voy a hacer en mi casa, en mi intimidad, pero nunca voy a aceptar hacerlo públicamente, porque no me interesa. Me interesa a mi hija viéndome dentro de algunos años y, desde ya, me pongo furibunda de rabia.
-¿Y cuál es, entonces, tu camino? ¿Qué perspectivas tienes?
-Siempre he estudiado interpretación. No puedo ser sorprendida por ninguna cosa y entiendo que, tarde o temprano, conseguiré cumplir mi cometido. No es ninguna cosa diabólica obtener lo que uno quiere, al menos si se está en mi lugar. Y, tarde o temprano, el gran éxito vuelve a aparecer.
-¿Es todo una cuestión de paciencia?
-En cierto sentido, sí. El resto, poco importa. Lo uno absolutamente necesario es no perder nombre ni cartel. Eso es mortal. Y yo, por ahora, no corro ese riesgo. Tengo admiradores a montones, así que…
|