¡CUIDADO CON LOS PELLIZCOS CALLEJEROS!
El resultado de este estudio ha dado conclusiones sorprendentes. La moda se extiende y los fans de este placentero erotismo que son millares.
Oye, no entiendo como ponías esa cara de éxtasis- le pregunto a mi amiga Isabel, justo cuando acabamos de salir del metro, en una hora punta-. No te lo pregunté antes, en el mismo metro, porque ya sabes que el simple intento de moverte algo hubiese provocado un cataclismo entre los pasajeros. ¡Contéstame!
- Es que había alguien que me estaba pellizcando acariciadoramente el pompas; son esos momentos en los que me encuentro más contenta por viajar en metro, momentos que no los cambiaría ni por un majestuoso Rolls-Royce conducido por un negro guineano.
- No entiendo nada, que pongas esa cara de atontada porque hay un guarro que te toca el culo; pues me lo hace a mí y le pongo yo bien al fresco ese.
Pero Isabel no me presta la mínima atención. Yo creí que le había dado algún ataque de cortedad mental como consecuencia de trabajar ocho horas diarias en la oficina a la que precisamente nos dirigimos en estos momentos. Reflexionando al respecto, prefiero pensar que ella algo de pervertida sexual siempre ha tenido, aún así me cuesta creerlo, son precisamente esos pellizcos que alguna vez han intentado colocarme en el culo, pero he lanzado tal exabrupto que todas las personas a menos de 10 metros han girado la cabeza.
Llegamos por fin a la siniestra oficina, y veo todo un día de aburrimiento por delante mientras compruebo albaranes, deberes y haberes; ya de paso quito el polvo a mi mesa, dado que la señora de la limpieza no se molesta en hacerlo, que si no fuese por solidaridad de clase frente al jefe, me iba a escuchar la guarra esa. Marta, mi vecina de mesa, hace cinco minutos que tiene unos humos que parece el incendio de un gran almacén, pero veo que su humor va variando. ¿Será porque está Joaquín, su novio también contable cerca?; pero su rostro es el de una tonta angélica.
-¡Qué cara de estar en el sexto cielo se te ha puesto con sólo acaecerse tu novio! ¿Qué te ha hecho para que te varíe tanto tu humor?
Se acerca a mi oído y me confiesa que Joaquín le ha regalado un pellizco en el culo que se lo ha puesto de la forma que a ella tanto le gusta.
- No entiendo nada, nada, nada, nada. Isabel que casi se desmaya en el metro del placer de un pellizco. Y tú, que cambias de humor también porque te han pellizcado. ¿Quién os pellizcó el cerebro y os deshace la materia gris? Eso es lo que yo me pregunto.
Viendo que lo más íntimo y próximo de mis amistades se han puesto de acuerdo y que además no hace el mínimo caso a mis gritos furiosos, decido preguntarle, que me arguya las razones del por qué del fenómeno pellizco, a mi mismísima hermana que además de lesbiana es como un caballo percherón. Precisamente hoy viene a comer a mi pisito de soltera.
- Oye, Marga – le asalto nada más poner en pie en la entrada de la cocina; por cierto lleva esas botas doradas en amarillo limón canario que más que haberlas pintado con purpurina dorada, parece que ha derramado un bote de titanlux y se ha descargado bien a fondo-. Pues lo que te iba a decir querida hermanita: no te fastidia que mis dos preciadas amigas, esa con la que tanto me aburro en la oficina y esa otra con la que tanto sudo en el metro a las horas punta, me han confesado ambas, las muy muy…- iba a decir un taco pero me contengo por eso de la publicación-, que les encanta que les pellizquen en el culo los seres del sexo opuesto- sabía yo que el término provaría más efecto sobre ella-. ¿Entiendes algo?, no es que yo les tuviese por liberadas como lo eres tú, pero tan tontas, tan tontas… la verdad es que no las creía. ¿Qué me dices, aclárame el dilema desde tu alta liberación que yo te juro que no entiendo nada. Vamos no te quedes medio atontada, reconozco que el tema puede provocarte todas esas iras tuyas, pero…
- Pues verás, sabes que no te miento, que soy tu hermana mayor y que siempre te he abierto los ojos ante las cosas buenas y malas de la vida.
- Menos rollo, menos rollo, al ajo… ¿Qué misterios hay en los pellizcos?
- Querida hermana- me agarra del hombro- a mi me encanta que Albertina,- con quien vivo en superior romance desde hace un año me la ligué en la playa de nudistas-, me encanta que me pellizque sobre todo cuando estoy haciendo el amor con ella, cuando me baja suavemente las braguitas negras, estas que hoy llevo –me las enseña- o las blancas que llevaré mañana. Sabes que prefiero prescindir de esta estúpida prenda pero la gustan tanto a Albertina..Cuando me pellizca suavemente con el pulgar y el índice, todo mi cuerpo se pone a temblar; es algo que me deja sin defensas.
Esta vez la que se queda tibia soy yo, tengo que echar mano a la botella de vino que la había dejado cinco minutos antes preparada para que acompañe a los espaguetis que yo misma he cocinado, que ni si quiera me atrevo a terminarlos después de oír lo que he tenido que escuchar...
Esta noche tengo que verme con Pedro, mi novio que tanto me gusta pero que tan poco caso me hace; que siempre que le veo cuando llego a casas me pongo a llorar por lo mucho que me gusta y por lo mal que me lo paso con él porque siempre me hace hacerle una paja y él nunca me la hace. Creo que hoy es el último día de encuentro entre nosotros.
Ya de noche, estamos en un bar comiendo Frankfurt con ese gin tonic que todo lo marea y como de costumbre estamos enfadados; yo ya veo la separación definitiva, este será el último día en que veré su negro pelo y sus grandes ojos, tengo verdaderas ganas de llorar, creo que ni tan siquiera me dará tiempo a llegar a casa.
Y de pronto se me enciende una bombilla, si a todo el mundo le gusta tanto los pellizcos suaves, lo iba yo a probar con Pedro. Y justo antes de que nos abandonásemos dicho y hecho: introduzco la mano en su pantalón vaquero suavemente, cojo su nalga derecha, por eso de que el siempre ha sido de derechas, y noto un temblor en su cuerpo, se gira, le agarro dulcemente la cabeza y me besa, como nunca me había besado. Creo que es un milagro y si no fuese porque esta revista es muy seria y decente les contaría yo aquí lo que sentí cuando él me devolvió el pellizco. Mi vida ha cambiado desde que descubrí el placer del pellizco.
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