ANANGA RANGA
Supongo que la mayoría de lectores y lectoras sabrían a qué nos estamos refiriendo si habláramos
de "Kama-Sutra" porque esta palabreja, en la cultura popular, se asocia con las mil posturas coitales de fantasía irrealizable. Recordad que del Kama-Sutra ya os hablé en estas páginas y a muchos les sorprendió saber que Kama-Sutra, (traducción que circula en nuestra cultura occidental como un texto pornográfico de la India) es en realidad un libro religioso de la cultura hindú, que no hace sino alabar el amor conyugal y proteger a las jóvenes esposas de posibles agresiones maritales. Un encanto de texto que se utilizó de código moral durante siglos, y sirvió para regular, encauzar y vigilar o castigar en su caso, el comportamiento sexual de la familia para que no ocurriese como aquí, hoy, donde docenas de maridos matan a sus mujeres cada año y miles de ellos las violan y las humillan durante todos los días de su matrimonio.
El “Ananga Ranga” es distinto, y seguro que a muchos y muchas ya no os suena tanto. Este libro de autor anónimo ya no es moralista o espiritual como fue Kama-Sutra, sino un canto literario que llega incluso a recomendar el adulterio a todos aquellos y aquellas que de no hacerlo pudiesen morir de amor. Fijaos si es expresivo el texto, que aún sabiendo y reconociendo que el adulterio se castigaba con la muerte, dice:
"Cohabitar con la esposa de otro acarrea siete desgracias: 1-, reduce el tiempo de vida. 2-, desaparece la fuerza física y espiritual del cuerpo. 3-, la sociedad desprecia al amante o a la amante. 4-, el adúltero y la adúltera se desprecian a sí mismos. 5-, disminuyen las riquezas del adúltero. 6-, caen sobre ambos todos los males terrenales. 7-, los amantes sufrirán mucho en la próxima reencarnación... Pero a pesar de todas las calamidades, es absolutamente necesario cohabitar con la mujer de otro, si el amor te empuja y si tu lingam lo exige".
Aclaremos. La linga o lingam es el pene y cuando se habla de sexo femenino en estos textos hindúes, se le llama "yoni" al coñito. Esta obra distingue tres clases de hombre en el amor sexual. La clasificación, inconcebible en nuestra cultura occidental, se hace según el largo de su lingam. Incluye en el primer grupo a los que tienen una longitud de pene superior al ancho de seis dedos, pero inferior a nueve... (aclaremos este nuevo concepto. El ancho de un dedo era una medida de longitud que equivaldría, aproximadamente, a 1,8 cm. en nuestro sistema).
Los del primer grupo, con una picha de seis dedos mínimo (6 por 1,8 = 10,8) a los más diminutos no les llegaría a once centímetros. Los del segundo grupo eran aquellos cuyo pene sería mayor de nueve dedos y menor de doce, por lo que (9 por 1,8 = 16,2) los más modestitos la tendrían un pelín más larga de dieciséis centímetros, y en el tercer grupo, los que la tenían como mínimo de doce dedos ( 12 por 1,8 = 21,6) una hermosura de polla.
Pues según esa clasificación, los que la tienen pequeñita pero juguetona, menos de nueve dedos, son personas de estatura reducida y escasas carnes. Manos y pies pequeños. Su rostro es de forma redondeada, grandes ojos, finos dientes y cabello suave. Son virtuosos tanto comiendo como amando. O sea, follan como dios.
El segundo grupo, los que poseen una linga que está entre los nueve y los doce dedos, son de cuerpo robusto, ancho pecho y vientre duro. Ojos de buen tamaño y forma alargada. Son crueles, nerviosos y rápidos para la ira. En cuanto al amor, están siempre dispuestos.
El tercer grupo, los que presumen de un lingam mayor de doce dedos, son de elevada estatura con un cuerpo musculoso, voz recia y mirada fija. Son audaces y ambiciosos. En el amor, insaciables.
De las mujeres hay bastantes clasificaciones: por su presencia física, por su manera de soñar, por su forma de mirar, de andar, de follar y también por la profundidad de su "yoni", que es donde nos detenemos unos minutos. Según lo hondo de su coño, Ananga Ranga las agrupa en tres categorías y se les aplica las mismas medidas que al hombre. Fijaos: Las que tienen como mínimo seis dedos de vagina, pero sin llegar a nueve, son dulces y suaves, voz agradable al oído del hombre y andar cadencioso. Sienten gran afición por los placeres del amor y les encanta el sexo oral. Que la chupan divino, vamos.
Las que tienen el yoni de una profundidad de nueve dedos hasta menos de doce, son de cuerpo mórbido, pechos carnosos y caderas anchas. Pelo liso, boca lúbrica y profundas pupilas negras como el azabache. Afectuosa con su esposo pero difícilmente llegan al orgasmo.
Las que poseen un yoni más hondo de doce dedos, tienen grandes tetas, gruesas mejillas y labios carnosos. Ancha cara y pelo basto. Su temperamento es malvado. En el amor se sienten dominadas por violentas pasiones lujuriosas y en la cópula siempre exigen más. Su olor es fuerte como el sudor del elefante.
Lo más curioso de este tratado del amor hindú son sus recetas, y no de cocina precisamente. Hay cientos de recetas para enamorar, para concebir, para evitar preñeces, para excitar al otro o a la otra, para aumentar el placer, para quedar estéril, para dejar de serio, para agrandar penes, para estrechar vaginas... para todo lo que podáis imaginar y que esté relacionado con el sexo. Copiemos algún ejemplo divertido:
Para endurecer tetas: "Llévese a punto de ebullición aceite de mostaza mezclado con polvo de corteza de granada; aplíquese a los senos y se volverán compactos y erguidos".
Para curar la eyaculación precoz o, en general, para retrasar el orgasmo del hombre: "Pulverícese raíz de lajjalu (mimosa) y rocíese con leche de vaca recién preñada; aplíquese suavemente en las plantas de los pies de chico (10 debe aplicar ella) antes de iniciar la penetración. Así se consigue una reten¬ción del agua de vida, y por ello, el acto de amor se prolongará como el curso del Ganges".
Para no quedar preñada: "Debes tomar durante tres días consecutivos y a partir del cuarto de tu ciclo, una bebida hecha con la planta de kallambha y pata de mosca. Si tal haces, jamás tendrás un hijo".
Para que la esposa no se vaya con otro: "Tómese shopa (granos de anís) redúzcase a polvo finísimo, cuélese y hágase un electuario con miel (especie de jarabe). Aplíqueselo el mismo hombre a su linga, sin que lo vea la mujer, para que la densa sustancia impregnada en la punta del glande, penetre hasta lo más profundo del yoni. Esto arrebatará la voluntad femenina gozando ella hasta el paroxismo y entregará su amor de por vida al marido o a un amante sabio".
Para estrechar vaginas: "Tómese la flor de loto, incluyendo el tallo, y déjese macerar en leche; háganse pequeñas bolitas con la pasta resultante e introdúzcanse en el interior del yoni. Pasado un tiempo, cuando la mujer note que las bolas se han disuelto, ella quedará como una virgen aunque tenga cincuenta años y miríadas de cópulas".
Para que el marido no se vaya con otra: "Cójase madera de sándalo y redúzcase a fino polvo, hágase la mismo con vela, lodhra y cáscara de mango; mézclese todo con agua de harda y mirobálanos amarillos. Aplicado a la piel de ella momentos antes de la cópula, el esposo o amante preferido, quedará sometido y fascinado, anulándosele toda capacidad del cerebro para pensar en otra".
Para aumentar el tamaño del miembro viril... ¡Vaya hombre! Otra vez me he quedado sin papel. Pero no llores, colega, en el próximo número de LIB te prometo acabar con esto tan diver y explicarte las posturas de mayor placer según Ananga Ranga. Besos.
CHIMO FERNÁNDEZ DE CASTRO Y TRINCHERIA
SEXÓLOGO
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