LA MUJER IDEAL
La mujer ideal no es algo que no existe. Por el contrario, tiene mucha vida en la imaginación del hombre. Es una imagen que lo acompaña a lo largo de toda su vida, modificándose de acuerdo a las necesidades de individuo, pero conservando siempre su condición de mujer y sobre todo, de ideal. Y esto es lo que más duele, el poder concebir en la imaginación una mujer bonita y luego tener que enfrentarse con una cruda realidad.
Todos, absolutamente todos, hemos pensado y soñado en repetidas ocasiones la imagen de la mujer ideal. Y esto no lo digo exclusivamente por los hombres. También las representantes del sexo débil, tienen su ideal, al cual pretenden acercarse haciendo todos los esfuerzos posibles para lograrlo.
Pero el ideal de mujer que tiene el hombre, es un sueño, una imagen mucho más elaborada y pensada, hasta en los detalles más insignificantes. En este modelo femenino, producto de varias noches de insomnio, puede hacer cierta semejanza con la madre. Todo lo que el individuo ha admirado en su madre, lo utilizará como característica imprescindible en su modelo y será una de sus principales exigencias. Pero, después de haber hecho esta aclaración, debemos reconocer que todos tenemos nuestro ideal exclusivo y que todos vamos modificando la imagen de ese ideal a través del tiempo.
EL IDEAL DEL NIÑO
Este es un modelo bastante simple y sin mayores complicaciones. El niño no sueña con una mujer cualquiera, sino que le agrega ciertas cosas a la imagen materna. Si Freíd estuviese entre nosotros diría, seguramente, que el modelo soñado por niño es el de una madre bien puesta lo suficientemente generosa como para festejar con él –en la cama- el día de la madre, con rosas, champagne y un suave disco melódico de fondo. Pero éste es un sueño inconfesado e irrealizable por la presencia de la figura paterna, el gran acaparador de la mujer ideal del niño.
EL IDEAL ADOLESCENTE
El ideal adolescente sabe muy bien lo que sueña y, sobre todo, para qué lo sueña. En general, la mujer modelo de los adolescentes, es una muchacha que debe reunir una gran cantidad de características de orden físico, más que intelectual. Debe ser una mujer de frondosa cabellera cayendo salvajemente sobre la cara, pero sin ocultar los ojos que, generalmente, deben ser claros y grandes y la mirada en una constante invitación al orgasmo. La boca debe ser un poco grande y de labios carnosos, lo que permite soñar con situaciones extremadamente placenteras. La nariz y las orejas no importan, pues no cumplen una función trascendente en el ideal adolescente. Pero continuando la descripción y descendiendo por el cuerpo femenino, llegamos a los pechos. Y esto es a lo que los “y mañana serán hombres” le dan la mayor importancia. Los senos los quieren grandes, cuanto más grandes mejor. Algo así como la poderosa mujer que aparecía en “Amarcord” de Feilini. Si seguimos nuestro recorrido, llegamos a la otra parte importante: la entrepiernas. Aquí las exigencias no son demasiadas. Lo único importante es que haya lo que él piensa. Lo demás es secundario y no es motivo para desviar al adolescente del sueño principal.
Como vemos, el adolescente tiene una imagen muy definida de la mujer deseada. En su modelo todo lo deseado es un vehículo que lleva el orgasmo. Todo esto tiene un pequeño inconveniente. El sueño en sí, también provoca el orgasmo y las que pagan las consecuencias son las sábanas y la madre.
EL IDEAL DEL HOMBRE JOVEN
En esta etapa comenzamos a ponerle nombre propio al modelo soñado. Así decimos “Fulana es 1a mujer ideal” o “con ella me caso”, y no es exagerado lo que se dice, ya que es cierto que Fulana es la mujer ideal y lo seguirá siendo hasta que realmente uno se case con ella. En ese mismo momento se esfuma la mujer ideal, para dar paso a la esposa que, generalmente, no responde al modelo soñado, y no es porque la esposa sea un monstruo o algo así, sino porque el modelo adolecía de algo fundamental: la convivencia, la cotidianeidad.
El hombre joven siempre sueña con una mujer de físico bonito, con buenos pechos, grandes ojos, cintura pequeña y trasero excitante.
Lástima que muchas veces termine conformándose con un ejemplar de pechos pequeños, una gran cintura, un trasero de lo más aburrido pero dueña de una mirada buena. Lo que se conoce como una “buena chica”. Pero eso es un buen estimulante para la imaginación, pues para llegar al orgasmo soñado en la adolescencia va a tener que poner en juego todo su potencial imaginativo.
Entonces uno se ve ob1igado -a cambiar su mujer o su modelo ideal, y como lo primero no es fácil de realizar, comenzamos a modificar nuestro sueño. Si en un principio habíamos hablado de una frondosa cabellera cayendo salvajemente sobre el rostro, ahora hablaremos de la cabellera escondida debajo de un pañuelo. Y el mismo camino de desaparición sigue todo lo demás, quedándonos con un bonito sueño y una cruda realidad.
EL ABUELO Y SU IDEAL
El soñador no es un hecho juvenil solamente. No tiene ninguna relación con la edad. Todos soñamos y lo que es más importante en el caso que nos ocupa, todos ya toda edad elaboramos un ideal de mujer.
El caso de los señores de edad muy avanzada tiene algunas diferencias. Los años y las experiencias vividas han hecho que el modelo de mujer que sostienen no sea igual a los demás. La mujer que sueña un abuelo tiene una diferencia fundamental con todas y no es precisamente algo físico. Por el contrario, la muchacha idealizada debe tener una gran virtud: una enorme do¬sis de paciencia. Lo demás es absolutamente secundario, ya que, con paciencia, todo se logra, hasta lo casi imposible.
Muchas veces uno se pregunta si alguna vez conoció a una mujer ideal y nos quedamos pensando sin encontrar una respuesta. Y no nos damos cuenta de que conocemos muchísimas mujeres ideales, lo que sucede es, que no las queremos ver. En primera instancia pensemos en nuestras madres. Ellas han sido en una época, las mujeres ideales de nuestros padres. Que en la actualidad no lo sean es una cuestión de ellos y nadie más.
Y los casados, a su lado tienen la mujer que un día soñaron y que reunía los requisitos indispensables para convertirse en la “mujer ideal”. Lástima que esa imagen sufrió algunas variaciones y hoy, probablemente, se esté ante una “esposa ideal”. Pero de todos modos, no es muy difícil encontrarse con la mujer soñada. Siempre estamos ante una. Lo difícil es que esa mujer sea la soñada por nosotros.
ALGUNOS CONSEJOS PARA ENCONTRAR A LA MUJER IDEAL
Si usted quiere encontrar a su mujer ideal, debe seguir algunas indicaciones que son imprescindibles para lograr el objetivo:
1. Saber bien cuál es su mujer ideal.
2. Cerciorarse muy bien de que su mujer ideal no sea la es¬posa de algún amigo, lo que podría acarrearle algunas dificultades.
3. Debe ser modesto en sus exigencias, pues Brigitte Bardot...o alguna otra como ella, no saben que usted existe y lo más probable es que no les interese vivir una aventura en su compañía.
4. Dúchese. Hay que ir al encuentro de la mujer ideal totalmente protegido. Mire que los olores son reales.
5. Debe ir provisto de un papel en el que figuren todas las condiciones que debe reunir su mujer ideal. Desde la altura y el color de cabello hasta los anticonceptivos que usa y el número de zapatos que calza. Esta es una medida que le va a ahorrar muchas pérdidas de tiempo con aspirantes no ideales.
6. Tenga bien presente la imagen de su mujer ideal.
7. Tenga más presente aún la imagen de una mujer. Mire que hay muchas sorpresas.
8. Tenga confianza en sus fuerzas. Si usted no confía… ¿Quién?
9. Lleve un preservativo en el bolsillo interior de la chaqueta.
10. Lleve una foto de Brigitte Bardot. No, no es para comparar, es por si todo falla y no encuentra una mujer, ya no ideal, sino alguna para poder desahogarse. Cómo, ¿que para qué necesita una fotografía? Imaginación, amigo, imaginación...
Por Juan C. Benavides
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