NORMA DUVAL: “SOY LA PRIMERA VEDETTE DEL PAÍS”
Veinte años y uno de los cuerpos más bellos del teatro de revista, una cabellera negra y lujuriosa, y una gracia especial para decir las cosas y moverse en el escenario, la han transformado en una de las mejores “vedettes” españolas. Norma Duval posó para LIB en una de las escasísimas ocasiones en que lo ha hecho.
Por Antonio Tello
El teatro de revista es uno de esos géneros que dan cabida a infinidad de muchachas bonitas con ansias de triunfo, con muchas ganas de ver sus nombres en las marquesinas del teatro en donde actúan, que las revistas de moda hablen de ellas y ser las primeras bailarinas. Creen en su mayoría que sólo basta con bailar algo, entonar otro tanto y ya está. Por eso también muchas quedan en el camino, diluyendo sus deseos entre muchas piernas bonitas que también sueñan con lo mismo. Algunas pocas llegan. Claro que el llegar también es relativo, pues si bien son las primeras “vedettes” de la compañía, la cosa no va más allá porque no alcanzan a prender en el público. Este no habla de ellas cuando sale a la calle. En todo caso hará un comentario más o menos picante sobre lo que han visto, pero no recordará el nombre de “la artista principal”. Son contadas las que llegan y triunfan y muchos van a ver a la “vedette”. Es éste el caso de Norma Duval.
Norma es una muchacha inteligente, que no sólo sabe moverse, hablar, cantar y bailar –conviene tener en cuenta que su maestro fue el estupendo bailarín que es Nacho Arrieta-, sino también trasmitir una serie de sensaciones únicas al espectador, contagiarlo con su picardía y con su gracia. Norma sabe lo que quiere, sabe que no es bueno dejarse obnubilar por el éxito fácil y por propuestas que la alejarán de su campo específico de acción, el escenario.
En cierta ocasión, Norma comentó algo que es particularmente esclarecedor en cuanto a su personalidad, algo que la define y la hace más atractiva, algo que evidencia su convicción de lo que es, lo que quiere ser y cómo lograrlo. Tal vez ella haya comprendido aquello que proponía Richard Lester en una de sus películas más hermosas. “El snack”, Norma Duval tiene “snack” cuando afirma sin eufemismos: “Soy la primera vedette del país, un puesto que no me disgusta nada, para qué voy a estropearlo, haciendo películas de serie B, con papeles de niña tonta, mona y sofisticada, que es lo que te ofrecen siempre. Por eso cuando aparece algún director de cine que me propone algo así no tengo ningún inconveniente en negarme, porque prefiero seguir siendo una buena vedette. La mejor del momento."
Estas palabras de Norma Duval no son soberbias, tiene “knack”, tienen el sabor de las cosas dichas con la convicción de las personas que saben lo que quieren y que respetan su profesión, dejando de lado ambiciones que perturben aquello que todo artista se propone en el comienzo, pero que la mayoría de las veces se pierden en la infinidad de luces que se encienden y también se apagan, dejando en el rostro las marcas de haber perdido la ocasión, la gran ocasión.
Veinte años tiene Norma Duval y hace cuatro que pisa el escenario y se viste con los breves trajes de lentejuelas y se desprende de ellos demostrando que la belleza tiene sus formas, que son redondas y suaves, que sus piernas se estiran largas y vivaces, que sus pechos se mueven perezosos en el ámbito brillante del oropel y las plumas de colores. Siempre se tiene la sensación, cuando Norma entra en escena, que la misma está llena, aunque las chicas y los chicos de conjunto ya no estén, aunque esté sola moviéndose, bailando, cantando, haciendo reír, contagiando y provocando alegremente a todos los que la admiramos de antes o los que comenzarán a admirarla desde ese mismo momento. Nadie puede escapar a su gracia chispeante y acogedora, y nadie, tampoco, podrá dejar de soñar lo frescos y tiernos que serán sus brazos estrechándonos contra su pecho palpitante, con su arrullo, como el sonido escondido entre las miles de caricias de su pelo. De ese mismo pelo hecho de mil noches con lunas fugaces, de dedos atrapados en pequeñísimas trampas, de estrellas desorientadas en la cadencia de antiguas canciones de amor, que le viento del Sur traerá y llevará con la síncopa cambiante e irrepetible del follaje, que al desprenderse olvidará que s vestimenta y dejará los cuerpos desnudos de los amantes.
Norma, creo, coincido contigo en que eres la más guapa de las “vedettes” de la nueva generación, y dicho lo de “vedette” con todo lo que serlo de verdad implica. Por esto, también me animo a decirte que no pierdas de vista lo que tiene de bonito esa profesión, que los peligros son tantos, los disfraces y las plumas con que se adornan tan atractivos, que es muy difícil sortearlos. No dejes que algún día te sorprenda con que te has perdido en los laberintos de la fantasía, en los túneles hermosos y sin final. Tú tienes Norma, el camino trazado: tú sabes cómo seguirlo. No te distraigas, bonita.
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