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DAYLE HADDON, LOS OJOS MÁS BONITOS DE EUROPA

Es una de las actrices más sorprendentes que ha dado el cine erótico en los últimos años. Bastaron dos películas “Madame Claude” y “Spermula”, para que su rostro bello e interesante apareciera en las portadas de las revistas europeas y americanas más importantes. Pero aparte de otros encantos y atractivos personales, son sus ojos, tanto o más hermosos que los de la legendaria Liz Taylor, los que despertaron los más variados sentimientos por esta ex maniquí.

Una cara distinta. Un cuerpo apetecible. Eso es, hasta el momento, Dayle Haddon, y, sin embargo, le ha sido suficiente como para encaramarse a un puesto de privilegio dentro de la cinematografía mundial. La muchacha, canadiense de origen y afincada desde hace años en París, hizo dos mil piruetas antes de decidirse por el cine erótico. Fracasó como estudiante de arte dramático en la escuela –muy selecta y exigente, es cierto- que mantiene el gran Jean –Louis Barrault; allí, según confesó Dayle al cabo de un tiempo, se exige el ciento por ciento del alumno, y, por ende, una dedicación total, circunstancia que le venía muy mal a la discípula porque la privaba de ganar unos buenos dólares con su trabajo paralelo; el de maniquí. Por lo tanto, la futura estrella mandó a los mil demonios al gran maestro y se inició en un mundillo difícil, competitivo: el de la alta costura. Y tuvo suerte. Sus ojos, que fueron un millón de veces comparados con los de Liz Taylor debido a sus tintes violeta, pronto fueron detectados por los especialistas en cubiertas y portadas de las principales revistas de modas de todo el mundo, y por allí comenzó todo. Dayle, en poco más de año y medio, pasó a convertirse en la modelo más cotizada. A diferencia de muchas de sus colegas, ella no aceptaba cualquier trabajo. Apenas una media docena por mes, pero claves, importantísimos. Y así su módica figura fue creciendo hasta alturas inconmensurables. Pero, y siempre hay un pero, los productores de cine, salvo excepciones, suelen recurrir a esas muchachas extraordinarias que ocultan su delgadez detrás de la elegancia de Yves Saint-Laurent o de cualquier otro modista famoso.

Y es porque saben que, en su mayoría, son chicas que pertenecen a una clase social alta, que ejercen su profesión con el fin de divertirse, que son lo suficientemente histéricas como para enloquecer cualquier estudio de filmación, y que, como premio, aspiran a hacer un buen casamiento. Además, la experiencia indica que de entre ellas pocas veces nació una estrella. Por tanto, la muchacha de los ojos violeta que tanto llamaba la atención tuvo sus dificultades para convencer a alguien de su talento. Hasta que llegó "Spermula", un film loco que pasó por todas las grandes ciudades sin pena ni gloria, pero que registró el lanzamiento de la incipiente actriz. Su "rol" no era excesivo, pero fue suficiente para que la gente, y algún director, la pudiera "ver", como se suele decir. Y uno de ellos fue Just Jaeckin, quien le ofreció de inmediato un contrato-lanzamiento que incluía, como primera experiencia, "Madame Claude", la película que ya podemos gozar en España. Y Dayle llegó y triunfó. Su rostro no sólo apareció en las portadas de "Vogue", de otras importantes publicaciones, como ya era habitual sino que iluminó las de infinitas publicaciones del mundo entero, rememorando el éxito obtenido, hace cinco o seis años por Sylvia Kristel, la última gran reina del erotismo que ha visto la luz en Europa. Ahora bien, cabe preguntarse quién es, en realidad, esta nueva elegida por el destino, y la pregunta es difícil de contestar. No tiene un cuerpo exuberante ni una dicción enloquecedora.Como todas las maniquíes suele abusar de los mohines, de las sonrisas y de las poses extravagantes. ¿Qué línea elegirá el maestro Jaeckin para su discípula? Nadie lo sabe. Pero se puede adelantar que, mucho más fría que la Kristel, a quien todo ayuda -realmente, dispone de los senos más hermosos que se han visto en el cine en la última década-, menos sólida que la ya oscurecida Corinne Clery, estrellita fugaz que no supo aprovechar el éxito que deparó "Histoire d´O", y con una gran competidora en estilo en que, se podría predecir será el suyo: la inefable Jane Birkin, una inglesita que hace suspirar a los franceses y resto de la Humanidad, que somos bastantes, con sus largas frases con cadencias de Oxford. El acento de Dayle es de Toronto, pero, por lo visto, lleva el mismo camino.

Dayle Haddon es en "Madame Claude " un festival de frescura, de inocencia perdida, debidamente apuntalado por genial Françoise Fabian. Por lo pronto, será cuestión de saber esperar a ver qué pasa con ella. No es demasiado arriesgado predecirle un singular can no en el mundillo del Séptimo Arte.


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