CARLA: “Pienso romper todos los moldes”
El trono no está en peligro ya que Bibi desarrolla ahora actividades musicales. De todas maneras, las comparaciones son inevitables . ¡Perdónanos, Bibi!
CARLA, ¿dónde estabas tú escondida, mi arma?
-Ay, hijo, en una nevera.
-¡No me digas! ¿Y qué hacías allí?
-Conservarme, ¿no dicen que el frío conserva?
Ahora ya, por fin, se ha decidido a salir del cascarón. Ella es Carla Antonelli, tinerfeña de veinte controvertidos añitos, que se marchó de casa hace ahora tres años y desde entonces asombra a propios y extraños con sus su cualidades y su anatomía. En su carné de identidad figura su nombre de pila, Antonio Carlos, pero eso es ya casi historia en muchos casos.
- Desde muy pequeña me atraía el mundo del espectáculo, e incluso estuve estudiando teatro durante un tiempo. En junio de mil novecientos setenta y siete comencé a trabajar en el “Britania”, una sala de travestismo de Las Palmas. Entonces empecé a sentirme realizada, cuando dejé el ambiente en que me había criado.
- ¿Habías tenido muchos problemas?
- Los normales en estos casos, si tienes en cuenta que te educas en el seno de una familia tradicional. Todo era una comedia, y no podía hablar de mi problema, y por respeto al punto de vista de mi familia fue por lo que me marché de casa hace unos tres años. Las relaciones con mi madre son ahora muy cordiales. Ahora que vivo en Madrid, solemos hablar con bastante frecuencia por teléfono, pero los comienzos fueron bastante duros.
- Cuéntanos qué hiciste desde el “Britania” de Las Palmas hasta llegar a la sala “Lady´s” de Madrid donde trabajas en estos momentos.
-¡Uf!, demasiadas cosas, pero las resumiré: estuve en Barcelona, en la sala “Beethoven” de Zaragoza, en el grupo “New crazy gay” con Angie von Pritt recorriendo toda España, y así hasta hace un año. Gané el concurso de “Miss Travesti” en la playa de las Américas y estuve trabajando en la sala 1900 de aquella playa canaria durante dos meses. Poco después me vine a Madrid, y desde entonces aquí estoy. Bueno, tuve que ir una vez a Canarias también en este tiempo.
- ¿Para qué?
- Para presentarme a la caja de reclutas. Apenas me vieron decidieron que la cosa estaba clara. El
servicio militar, como ellos dijeron, es para hombres, y poco después me mandaron un papelito declarándome “inútil total”.
- ¿Tienes complejos, Carla?
-Mentiría si dijera que no, porque yo creo que todo el mundo los tiene.
- ¿Qué piensas tú de Bibi Andersen?
-Que es una señora, y yo soy una señorita, porque no estoy casada.
- Ella tampoco, mujer.
-Ah, ¿no? Como me parece leer por ahí que se había convertido en la señora de Rodríguez...
- ¿La conoces?
- Sí, en Barcelona. Me la presentó una amiga que le dijo: “La gente piensa que se parece a ti”. Ella se levantó y dijo: “No creo”. Mi contestación fue “Yo tampoco”, porque efectivamente, mide 10 centímetros más que yo.
- Y a Amanda Lear, ¿cómo la ves?
-Creo que es una persona muy inteligente.
- ¿Las envidias?
- Yo nunca he envidiado a nadie. Estoy muy satisfecha con ser yo misma, y no creo en humildes ni en superioridades. El que se ponga a la misma altura, bien. El que se ponga debajo, allá él, y que pretenda ponerse por encima no se lo consiento, entre otras cosas porque si lo pretende, es que no lo es.
-¿Te hieren las putadas?
- Quizá sea un defecto, pero las olvido con demasiada facilidad. No soy rencorosa, aunque: suelo tener en cuenta lo que me hacen.
- ¿Cuáles son tus aspiraciones en la vida?
- Dedicarme de lleno a mi profesión, porque me gusta. Y, desde luego, pienso romper todos los moldes.
-Ambiciosa.
- No comprendo alas personas que no son ambiciosas. La ambición es legítima porque estamos en un mundo competitivo. Y te tienes que obligar a superarte constantemente. Aparte de lo que pienso llegar en el mundo del espectáculo, aspiro también a dedicarme algún negocio.
-¿Yeso?
-Me explico: que a los cuarenta años, o a los cincuenta, no tenga que estar fregando escaleras.
- ¿Piensas operarte?
- Si te soy sincera, no veo la razón. Estoy muy bien así, y si algún día me sintiera de otra manera, entonces comenzaría a planteármelo.
-¿Te enamoras con mucha facilidad?
- Digamos que me encapricho con mucha facilidad.
- ¿Aguantas bien la soledad?
- Hombre, tampoco estoy tan sola, pero cuando lo estoy, me hago bien a la idea. Además, la soldad es buena consejera.
|