MARINA FRAJESE
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MARINA FRAJESE

Aunque hoy esté vilmente eclipsada, retirada, o así lo parece, en favor de las “hardeuses made in” Scchichi -las Cicciolina, Moana y Bay Pozzi, Ewa Orlovski, Mercedes, la Ramba, etc.- nadie puede discutir que el cetro de diosa del sexo europeo le corresponde a la sin par Marina Frajese, toda una señora sexualmente superlativa y seductora “tout court”. Esto es, implica que goza de verdad. Es la mejor en su especialidad. Inigualable. Incomparable. Apabullante. La top de las pornostars y crea una feliz adicción.

Su físico impone. Es una rubia espectacular, de cabellera leonada, mirada de vicio y lengua obscena. Su piel es lechosa. Es rubia natural, no teñida, rara avis, de ahí “la escasez de vello púbico que luzco, consustancial a mi pigmentación, a la raíz de mi cabello”. Estilizada en sus inicios o carnalmente fondona recientemente, no retrocede ante las performances más arriesgadas.
Es sueca de origen, pero nacionalizada italiana. Su nombre de guerra es Marina Frajese (apellido que tomó de su ex marido, Paolo Frajese, adusto locutor de la RAI). También se la conoce artísticamente como Marina Hedman o Marina Lotar. O simplemente Marina. Su edad se desconoce. Fue Lady Europa en 1978 y playgirl de “Plasmen”, en febrero de 1981. Bella, talentuosa, desfiló por la pasarela. Sin embargo, el cine era su objetivo. El cine no especializado… al principio. Así, la podemos ver, flanqueada por Ornella Muti y Ugo Tognazzi, en “La chica del atardecer”, o en “Cómo perder una esposa y ganar una amante”. No tardó en frecuentar los blandipornos: cfr. “Casa privada de las SS”, “Noches pornográficas”, “Imagen de un convento”, compaginadas con comedias picantes como “Una noche en coche cama” -junto a Serena Grandi y Marisa Mell- o “Doctor, ¿estoy buena?”. No obstante, la emergente y poderosa ola del “X” la lleva a franquear, con todas sus consecuencias, la frontera de lo fingido y desembarcar en el hard core. Al igual que hicieron colegas suyas como Karin Schubert, Lili Carati y ocasionalmente Paola Senatore.
Defiende a ultranza la valía “de los films eróticos por su trasfondo pedagógico, su aportación instructiva y calidad antirepresiva. El sexo en la pantalla ayuda a mucha gente con problemas, estimula a los apocados, sugiere fantasías a los romos de imaginación y sirve como eficaz terapia".
Con anterioridad a su condición de estrella del X transalpino todo terreno, los españoles pudimos saborearla en diversos films acogidos al label “S” que apenas ocultaban su condición de doble versión (dura y suave), pese a la eliminación de todos los planos de sexos en acción. Un puñado de títulos que refrescan la memoria: “La pornocamarera”, “El mundo porno de dos hermanas”, “La erótica doctora rural”, “Gatas en celo” o “Llame taxi 6969... taxi para señoras”, que nos pusieron en contacto con una desvestida, desvergonzada, amoral y espléndida Marina Frajese en perenne frustración de no verla/disfrutarla con el sexo sin tapujos; un deseo satisfecho poco después con el video X.
Frecuenta con asiduidad los espectáculos de sexo en vivo: “me encanta el contacto con el público, provocarlo, oler su aliento, notar su excitación, la mezcla de timidez y agitación de los hombres, observar las miradas que me devoran, ese juego del sí pero no”. Igualmente disfruta del sexo en el plató, pues es una forma de vivir la vida, de expresar sentimientos a través de la emotividad de un buen polvo. “Disfruto follando, me entrego al máximo, no soy como algunas amigas, compañeras de profesión, que lo hacen sólo por dinero y lo detestan. Te ha de gustar, si no se percibe en el rostro, en la tensión de los músculos. Hacer el amor es una pasión.”
“Me encanta este "trabajo" y el sexo sea con hombres o con mujeres. No importa. Se puede gozar más en determinadas ocasiones con una mujer que con un hombre. Todo depende del partenaire. Eso sí, las mujeres son mejores en el cunnilisgus, no sólo son más dulces que los hombres, sino que entre ellas la sensibilidad es más afín que con un hombre. De todos modos, una polla es una polla”. Vocacional del sexo, para Marina el placer del encuentro erótico es el fin ansiado. Sea privada o públicamente. Sin ser una exhibicionista nata, proclama que “me encanta ser mirada, despertar pasiones, incendiar a los tibios”, y a fe que lo consigue. Es sensual y voluptuosa. Morbosamente nuestra. Sin sentido del pecado. Amoral más que inmoral. El sexo es como un tobogán por el que deslizarse hasta el placer absoluto. Camarera maliciosa, aristocrática dama de entrepierna ardorosa, mamá del héroe más lanzado que su vástago, madame de burdel, ama de casa cachonda, ex novicia de armas tomar, burguesa de libidinosas maneras o, en fin, su especialidad: tía, madre, señora madura y lujuriosa -a lo Kay Parker en el X yanki-, óptima expresión de las virtudes de la edad madura y sobresaliente cum laude en la enseñanza. Maestra en despertar la sexualidad de jovencitos inexpertos o dubitativos como en la emblemática “La tía sueca”. Su copiosa filmografia impide la exhaustividad. De ahí la selectividad significativa del muestreo. Anotemos el éxtasis alcanzado en su sublime masturbación de “Sueca bisexual necesita semental”, su protagonismo en la concurrida orgía de “La sfida erótica” o su amplitud de horizontes eróticos en “Dirty day dreams”, donde se da a la servidumbre, confraterniza anal y bucalmente con un delicado transexual y con su marido bisexual comparte los “abismos” de la abyección más placentera, haciendo de las públicas virtudes, vicios privados.
Entre la multitud de imágenes recordadas y recordables, que hablan de su total disponibilidad, destacamos: la imagen de la cicatriz de esperma que cruza su rostro y tapa su ojo izquierdo en “La vida porno de una condesa”, su atención complaciendo alternativamente a un travesti ya un gay en “Las dos bocas de Marina”, su ardoroso encuentro con Ajita Wilson en “Bocca nera, bocca Bianca”, la feliz doble penetración de “El nuevo vicio de mi mujer”, su re¬comendable mano a mano, cuerpo a cuerpo con/ contra Karin Schubert en “Vicios de la jet set”, sus abluciones íntimas en “Albergo a ore”, la convincente recepción en pleno rostro de la larga, cálida meada de Gabriel Pontello en “Semental negro” o su grata cita en su sala X con un enano en “La spécialiste du cine”. La mayoría, ¡ay!, lamentablemente inéditas en España. Al igual que “The devilis Mr. Holmes”, donde compartía catre y jadeos y uno de los últimos polvos cinematográficos con John Homes, antes deque su cáncer de color firmara su defunción.

Es una selección subjetiva, que dibuja el perfil profesional y personal de una Marina Trajese que carece de prejuicios y que no discrimina partenaires: feos, negros, disminuidos, viejos, calvos, orondos son de la partida; todos se benefician de su entrega, de su voracidad, de su sexo cálido, acogedor y los más favorecidos de su imperial ojete. No tiene rival. Es única. Aúna estilo y rotundidad. Vence cualquier resistencia. Y en pleno meneo funde los plomos de placer, es la actriz más audaz para el espectador más inteligente. Una mujer para soñar y unas prestaciones que prohíben la imaginación. Da satisfacción a todas las fantasías. Marina Frajese o el sexo más sugerente o sugestivo.

Filmografía:

-“Vicios de la jet-set”, en VIDEOGRUPS
-“La vida porno de una condesa”, en FILMS 28
-“Semental negro”, en FROU FROU
-“Marina la perversa”, en CINEX.
-“Las dos bocas de Marina, Jojami”, en HIGH LEVEL.
-“Sueca bisexual necesita semental”, en FILMS DARA.
-“Noches pornográficas”, “Una noche en coche cama”, “La erótica doctora rural” e “Imagen de un convento”, en JOSE FRADE.

Ramón F. García



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