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LAS PROFESIONALES

Enviado por El cronista de la Villa

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Un amigo es casi como un buen hermano, muchas veces hasta más que un hermano, pues en su compañía te atreves a vivir aventuras que hasta con tu propio hermano, te resultaría algo vergonzoso realizar.
Por eso aquel fin de semana que todo mi cuerpo me pedía guerra, decidí invitar a mi casa del pueblo, un pueblo precioso, escondido en la sierra de Gredos, a mi amigo Teo, el más golfo y atrevido de todos mis colegas y compañeros de estudios, a fin de que conociera a dos parientes lejanas, según le dije yo, jovencísimas y preciosas que vivían apartadas en ese lugar casi olvidado de Dios y cuya forma de comportarse conmigo cuando iba a verlas era espectacular.
Para comenzar mi historia os diré que mentí a Teo descaradamente, diciéndole que las chiquillas eran como las vírgenes prudentes del Evangelio. El se lo creyó y, por lo tanto, no vino muy decidido a Gredos. Le parecía demasiado aburrido todo. -Meternos en la Sierra de Gredos -decía- en compañía de dos pueblerinas cursis y vírgenes, me parece un coñazo enorme, pero, bueno, amigo Quique, si tú te empeñas en que vaya. Iré.

Y ASÍ COMENZÓ TODO

Llegamos al pueblo casi de noche, mis parientas ya nos estaban esperando.
Comimos y bebimos en abundancia y al cabo de una hora, sólo quedaban sobre la mesa, los huesos del asado y media jarra de vino.
Al finalizar la cena, pues, todos estábamos un poquito mareados, pero no lo suficiente como para no darnos cuenta de todo lo que se preparaba.
Para comenzar el festejo, mis parientas, Luna y Jazmín, comenzaron a magrearse sin venir a cuento y a regalarse unos mordiscos de tetas colosales.
Parecían estar salidísimas como salidísimo pusieron a Teo que no cesaba de rascarse la polla en cuanto vio el precioso cuadro lésbico que formaban Luna y Jazmín. -¿Son tortilleras, no? Me preguntó Teo.
-No. Son putas. Son las putas del pueblo que, como saben que a mí me gustan estas cosas, pues las hacen en mi honor. ¿A ti te importa?
Todo el fin de semana estarán a nuestra disposición. Puedes hacer con ellas cuanto quieras. Teo se alzó de la mesa y con los pantalones a medio bajar se aproximó a las mujeres que continuaban su magreo. A los pocos minutos, las dos mujeres y mi amigo Teo estaban completamente en pelotas.
Mis extrañas parientes comenzaron a revolcarse por la alfombra en un amasijo de tetas y culos, en donde Teo se hizo lugar en cuanto pudo. Llevaba la polla como un garrote y las mujeres se regocijaron con ello.

Yo miraba el cuadro con deleite, esperando mi turno. Vi a Teo meter su lengua en la entrepierna de Luna, mientras Jazmín colocaba la suya en el ano de su compañera. Los tres giraron intercambiándose chupadas y lametones.
Mi polla estaba a reventar y mi excitación a flor de piel, pero aguanté. Ya llegaría mi momento.
Teo encontró el momento oportuno para clavar su cipote a Luna que gritó desesperada, pues la documentación sexual de mi amigo era y es considerable. Jazmín se me acercó con el culo en pompa, provocando toda mi lascivia con aquellos glúteos únicos que poseía y no me quitó los pantalones, sino que, prácticamente, me los arrancó. Con los cojones al aire, me acerqué a aquel culo único, sabroso y espectacular y comencé a hurgar con la punta de mi verga en su agujerito oscuro que humeaba pasión. Empujé un poco y al punto mi rabo se perdió dentro de aquel túnel maravilloso que no cesaba de estrujar la carne de mi cipote como si quiera ordeñarle cuanto antes.
Tal y como estábamos unidos, a gatas y, sin no pocas dificultades, nos aproximamos a la pareja formada por Luna Y Teo para intentar hacer con ellos el al más precioso de los cuartetos.

Mi boca encontró los gruesos labios de Jazmín y su lengua juguetona. Teo se enredó con la de Luna. En ese momento, los cuatro nos encontrábamos unidos fervorosa y ardientemente, cuando apareció la dueña del puti-club donde trabajaban las muchachas, pues ha llegado la hora de deciros que, de parientes, nada de nada. Era la dueña de la casa donde ejercía su digno oficio y que las había echado de menos e imaginándose donde se encontraban, que era mi casa, se presentó en ella y comenzó a zurriagazos a los cuatro, mezclando el placer con el dolor.
-¡So zorras! ¿Es que no sabéis cuál es vuestra obligación?
¿Es que no sabéis que los clientes de mi casa os están reclamando?
Desnudo como me encontraba yo y con la polla más tiesa que nunca, me acerqué a ella para pedirle disculpas y asegurarle que tendría una buena compensación económica por ello, pero a la mole aquella, le gustó mi persona y, sobre todo, se encaprichó de mi buen cimbel, por lo que no quiso otra compensación que tragárselo hasta la raíz y mamar de él como una auténtica chota.

¡Qué mamada me hizo, amigos! ¡Qué mamada! Tiempo hacía que yo no derramaba tal cantidad de leche. Tiempo hacía que no me corría tan a gusto.
Después de mi gran corrida ante el asombro de mi tres compañeros de juerga: Teo, Jazmín y Luna, creímos que el episodio de aquella mole de mujer había terminado, pero ¡quiá! La mujer necesitaba correrse y para eso pidió a Teo que se la "ventilara".
Ante tal situación, a Teo se le encogió la minga de repente, pero la gorda a fuerza se zambombazos le obligó a que se le enderezara de nuevo y se la colocará en su enorme chochazo.

Como la patrona ya estaba lo suficientemente caliente después de mi gran mamada, tardó poco en disfrutar de un colosal orgasmo, tan colosal que hasta a punto estuvo de derribar un armario donde la había apoyado mi amigo Teo para podérsela tirar. Terminó el episodio con la satisfacción de la patrona que se volvió a su casa contenta y advirtiendo a sus niñas que no tardaran en regresar.
Enseguida los cuatro comenzamos a follar de nuevo y ya más tranquilos, Jazmín que ya había probado la polla de Teo quiso conocer la mía y se me abrió de patas para que me corriera dentro de ella y ella se corriera conmigo. Fue un polvo, dulce, sabroso y elegante. Teo se folló a Luna y ésta se folló a Teo lógicamente.
Luego nos duchamos los cuatro juntos y juntos tomamos unas copas que nos supieron a gloria y con las cuales concluimos la fiesta.
Luna y Jazmín volvieron a su trabajo. Teo y yo estábamos tan agotados que nos fuimos a la cama inmediatamente, deseando que al día siguiente pudiésemos repetir la fiesta como todos deseábamos.


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