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LA PUTA CASUALIDAD

Enviado por Carmela, una viajera infatigable

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Doy testimonio de que la casualidad en la vida es madre de acontecimientos importantes y, si no de acontecimientos importantes por no quererme poner trascendente si, al menos, de oportunidades sustanciosas para divertirse y pasarlo bien.

COMIENZO:

Por casualidad encontré a David un buen día cuando paseaba por la costa. Yo conducía mi todo terreno en compañía de una parejita de enamorados que también por casualidad había recogido en mi camino al sur de España cuando hacían auto stop y, por casualidad también, conectamos perfectamente.

Por casualidad preguntamos a David que conocía bien aquellos parajes, si podía indicarnos algún lugar agradable para comer y descansar un poco. Nos lo indicó. Le invité a que nos acompañara y por casualidad aceptó.
Me llamo Carmela -le dije- y mis amigos son Luisa y Jorge.
Nos aposentamos junto a un pequeño río y a la sombra de unos chopos que, de verdad, no estaban allí por casualidad. No, ellos no. Nosotros, sí.
Comimos y bebimos en abundancia a base de cuantas provisiones yo traía para mi viaje y apenas terminamos de hacerlo, decidimos bañarnos.
-Sería estupendo que los cuatro nos zambulléramos en el agua completamente desnudos -dije yo- ¿Tenéis algún inconveniente?
Nadie puso objeción alguna.


Fueron los hombres quienes primero se quedaron en pelotas. Las mujeres tardamos algo más. Yo me emocioné al ver a aquellos dos hermosos tipos completamente desnudos.
He de confesar que soy una mujer de vitalidad absoluta y que siempre me encuentro dispuesta a ponerme en acción.
Me fije en Jorge, un tipo rubio y, sin embargo de tez morena, contraste que le hacía ser enormemente atractivo. Apenas tenía vello en su cuerpo, a excepción, claro, del que le cubría el bien torneado pubis en cuyo centro aparecía una polla de dimensiones muy superiores a las normales.

Luisa, su acompañante, era menudita, con unas tetitas casi de niña y con un coño recogidito y terriblemente apetitoso.
David, como buen sureño, era oscuro de piel, de abundante vello, ojos negros, sonrisa eterna y polla descomunal.
Yo soy una mujer normalita, pero tengo un par de tetas que quitan el hipo y un coño grande peludo y negro que devora todo cuanto le echan. Todo en mí es puro sexo.
Los cuatro, completamente desnudos, nos zambullíamos en el agua.
A lo largo de unos segundos, pensé que debería detenerse el tiempo. ¡Estábamos tan felices! Chapoteando en el agua, riéndonos y jugueteando en ella. De esta manera permanecimos largo rato.
Luego, en un momento preciso y con movimientos nada improvisados, David se acercó a mí y casi me arrastró hasta el césped, donde me tumbó. Pensé, lógicamente, que iría a montarme, pero no: A horcajadas se puso junto a mis tetas y entre ellas colocó su gran cipote. -¿Qué quieres? -Pregunté yo- ¿Un cubanito?

-Quiero lo que tú me hagas.
Y comencé a chupársela y a ensalivársela bien, a fin de que, después, mis tetas pudieran friccionársela sin impedimento alguno. Así lo hice y así nos encontraron Luisa y Jorge que protestaron un poco por haberles dejado fuera de juego.

Enseguida se unieron a nosotros y enseguida comenzaron a funcionar. David no cesaba de masajearme, casi a lo bestia, mis tetas con sus suculenta verga. pero mi espléndido coño estaba abandonado. Lo advirtió Jorge y pronto tuve su boca encima de él. Luisa para no quedarse inactiva puso el suyo, su recogidísimo chochito, a merced de la lengua de David y así los cuatro, relamiendo coños unos y siendo relamidas otras, estuvimos todo el tiempo que nos apeteció, todo el tiempo que necesitamos para que los orgasmos femeninos se hicieran múltiples y para que las corridas de los dos hombres fueran majestuosas y abundantes.

Como en un sobresalto de gozo, rodamos los cuatro por la hierba, entregados a una titánica lucha como de animales salvajes, donde cada uno pretendía imponer su voluntad. En una de esas, Jorge buscó el húmedo camino de mi vagina y sin miramiento alguno, con poderío de macho auténtico, me clavó en ella todo el grosor y largura de su mayúsculo rabo. ¡Qué felicidad! Volví a correrme y volvió a correrse él, luego giramos la vista y descubrimos a Luisa que harta de mamar a David se abría de piernas para pedirle la penetración más absoluta, sin embargo el muchacho, la obligó a cambiar de postura, para buscar y encontrar el oscuro túnel de su culito de rosa y, sin lubricación alguna, completamente a lo bestia, le colocó en él, de una sola embolada, toda la carnaza masculina que tenía entre las piernas.

Los dos se corrieron a la vez y, si el polvo había sido bestial, como bestias eyacularon los dos. Nos reímos Jorge y yo a carcajada limpia para correr rápidamente hacía el río y disfrutar una vez más de su fresquita y deliciosa corriente. Como monos de imitación, nos siguieron Luisa y David y como monos de imitación, se divirtieron tanto como Jorge y yo nos estábamos divirtiendo.

Después, compuestos y recompuestos los cuatro, dejamos a David que continuara su paseo y reanudamos nuestro viaje hacia el sur. No fuimos nosotros, fue la casualidad quien lo hizo todo. ¿Me explico?


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