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EYACULACIÓN PRECOZ

EYACULACION PRECOZ

Enviado por Javier. Irún

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Ser demasiado joven tiene sus ventajas y sus inconvenientes y eso me sucede a mí que tengo dieciocho años, una polla tiesa y dura continuamente y ganas de follar a todas horas, ventajas que no, todos los machos, las tienen. Pero, por el contrario, como por mi poca edad, no he conseguido tener patrimonio alguno como los tíos mayores que yo, quienes, por sus años, ya han dispuesto de oportunidades para tenerlo, pues resulta que como no poseo piso, buhardilla o apartamento propio para follar tranquilo con mi nena que, por cierto, se llama Pili, he de andar pidiendo favores a todo el mundo para que me presten su casa, a fin de poder echar un "casquete" de vez en cuando o, de lo contrario, verme obligado a salir al campo y echar el polvo en él de mala manera y siempre deprisa y corriendo. Algo muy molesto naturalmente, pero... ¡Qué le vamos a hacer! Ya vendrán tiempos mejores. Por el momento a joderse tocan. Frase nunca más oportuna. Chingar en el campo es muy incomodo, puede ser muy ecológico, pero incómodo, pues te suceden las cosas más inesperadas. Hace unos domingos, sin ir más lejos, Pili y un servidor de ustedes, nos fuimos a la montaña para disfrutar del paisaje primero y para meterla en caliente después, pero...

Apenas estaba metiéndosela en caliente a Pili, aparecieron unos excursionistas que, simplemente por envidia, no pudo ser por otra cosa, comenzaron a llamarnos sinvergüenzas desde lejos, llegando hasta apedrearnos. Pili, con las bragas en la mano y yo con los calzones caídos, tuvimos que salir corriendo en lugar de corrernos como pretendíamos y era lo lógico.

Terminamos haciéndolo debajo de un pequeño puente entre hormigas y hojarascas molestísimas. Ahora, esos si, se la metí a mi querida nena hasta la raíz. Cómo gritaba la chiquilla. Como allí no había nadie que nos pudiera oír, pues... Venga de suspiros, de ayes y de: ¡Métemela toda, Javier, métela toda! ¡Y vaya que si se la metí! A mi novia, jovencita como yo, le pone muy cachonda cuando le digo que tengo la polla más tiesa que un garrote y que mis dieciocho años se van a transformar en dieciocho polvos que le voy a echar en cuanto pueda. Sin embargo, por desgracia, puedo pocas veces. Ella lo sabe y lo sufre como yo.

El otro día, para más detalles, un amigo, a quien contamos nuestro problema, nos prestó su casa para que, en ausencia de sus padres que estaban de visiteos, fuésemos a follar, pero con la condición de que nos diéramos mucha prisa. No fuera a ser que sus viejos volvieran antes de lo previsto y nos encontraran a Pili y a mí con las manos en la masa. Llegamos, pues, la chiquilla y yo al piso prestado, nerviosos perdidos por la cachondez que nos invadía y por el temor a que, de repente, aparecieran en el piso los progenitores de mi amigo, del generoso amigo que nos había cedido su casa a escondidas y, deprisa y corriendo, nos pusimos a hacer el amor. ¡Y qué cosa! ¡Qué cosa, oye! Mis nervios y mi preocupación me estropearon la jugada, porque en cuanto comencé a metérsela a la mártir de mi pobre Pili, me corrí como un gilipollas y mi rabo se vino abajo al punto.

Gritó ella desesperada.
-¿Pero qué pasa? ¿Es que ahora tienes eyaculación precoz?
¡Me has dejado con más ganas que al principio!
¡Que vergüenza!

Intenté volverme a empalmar, pero todo fue imposible. Mi verga no respondía. No se volvía a enderezar, por lo que mi preciosa parejita, que se había quedado "in albis", se levantó de la cama y salió de la casa como alma que lleva el diablo.

¡Y aquí viene lo gordo! Algo tan gordo y que para mayor "inri", días después del hecho, tuvo ella la desvergüenza de contarme, razón por la que la mandé a la mierda, hablando en plata, rompiendo mi relación con la interfecta, la cual, después de mi fracaso sexual como ya os he dicho, abandonó la casa de mi amigo furiosa y desesperada, llamó al ascensor y cuando llegó éste hasta el piso donde se encontraba la muy puta, un caballero elegante y solemne iba dentro de él, del ascensor quiero decir, a quien, enloquecida como estaba la chiquilla y en un ataque de desesperación, preguntó:

-¿Oiga, caballero, usted padece de eyaculación precoz?
El caballero, muy sorprendido, respondió al punto:
-¡Pues claro que no padezco de eyaculación precoz! ¿Por qué me hace esa pregunta?

Nada contestó la que, hasta ese momento era mi novia, y, sin más ni más, se arrodilló frente al desconocido caballero, le abrió la bragueta, le sacó la polla y comenzó a chupársela como si le conociera de toda la vida.

El caballero, que tenía poco de caballero, como es lógico, se dejó hacer.
Y repito y aclaro por si acaso, todo esto tuvo ella la desvergüenza de relatármelo días después como si ninguna importancia tuviera.

El caballero se debió sentir muy feliz con aquella inesperada mamada y según mi ex-novia, cuando le pareció que había llegado el momento oportuno, alzó a la chiquilla del suelo, la sacó al descansillo y allí junto a la pared del mismo, se dedicó a follársela bien follada. Y...¡Qué horror! La muy... eso, se atrevió hasta decirme que se había encontrado con una polla colosal, funcionando a tope.

Por lo dicho por ella y escuchado por mí, el desconocido le debió echar un polvo de campeonato.

-Un polvo -gritaba mi novia- como el que tenías tú que haberme echado esa tarde. Me dieron ganas de ahogarla, pero como sé dominarme, la dejé irse para siempre. Era lo menos que podía hacer. Desde entonces no he vuelto a verla. ¿Para qué? He follado con otras muchas chicas y siempre he tenido mucho cuidado de evitar la eyaculación precoz.


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