UNA FOLLADORA
Aunque, de verdad, tengo fama de folladora, os confesaré que únicamente soy una chica normal y corriente. Soy una folladora como muchas otras. Pero eso sí, guapa, sensual y receptiva. Ultimamente, después de ser bien follada, me gusta ser sodomizada. Además soy una gran mamona. Dicen que mi boca es una delicia. Me lo trago todo sin derramar una gota. Tengo un buen cuerpo, unos hermosos muslos, un buen culo y unas magníficas piernas, pero lo mejor de "palmito" son mis tetas. Mis tremendas tetas latinas. A los tíos les encanta comérmelas y les encanta, más que nada, meter su polla entre ellas para que yo les masturbe. Les haga, creo que se dice así, un cubanito. ¿Me equivoco? Soy una auténtica máquina de follar. Hace algún tiempo, cuando todavía era virgen, soñaba con casarme en tal estado y formar una familia. Pero mi novio se fue a cumplir el servicio militar y una buena noche, en una discoteca, conocí a un tipo que me deslumbró. Por inercia le seguí viendo, sin llegar a nada en concreto, por descontado, hasta que una tarde, al oscurecer, paseando por el campo y, cuando más romántico parecía todo, me enseñó la verga. ¡Qué verga! ¡Válgame Dios! No lo pude evitar, nadie me obligó a ello, pero yo me entregué a aquel tipo y a aquella verga sin condición alguna. Y desde entonces ¿qué os puedo decir? ¡Soy una esclava del sexo! ¡Qué coño! Mis sueños de matrimonio y de mantenerme virgen hasta él, desaparecieron pronto, transformándose en delirios eróticos, posturas inmorales y sucios actos, según pensaba yo entonces. Ahora es todo muy distinto.
El tío era un auténtico vicioso y sádico. Sus apetencias llegaron hasta colgarme de las tetas para azotarme después. Yo, débil mujer, consentí en ello y no fue eso lo peor. ¡No! Lo peor fue que me gustó. Por lo que tuvimos, a petición mía, que repetirlo muchas veces. Cuando ese fulano se hubo cansado de follarme, me traspasó a un grupo de colegas suyos y así comencé a ser follada por todas partes y de todas formas. ¡Qué felicidad! Llegué a ser lo que soy ahora: Una experta folladora que se anuncia en los periódicos de la siguiente forma y con mi fotografía encabezando el anuncio: "Estos tetones podrán ser tuyos durante una hora, si pagas lo que debes. Cabalgarás sobre ellos, los regarás con tu semen para que sigan creciendo y, al final, podrás comértelos".
Mis clientes son numerosos y de todo tipo y, gracias a ellos, a sus caricias y a sus lametones, mis tetas siguen creciendo. ¡Qué barbaridad! Pero, a pesar de mis muchos clientes, continuo siendo una pechugona ansiosa de follar.
--¡Oh, sí! ¡Dame! ¡Dame mucho más!
Me confieso ante todos vosotros como una auténtica ninfómana hasta el punto de que algunas noches, dominada por el sexo y sin cliente alguno en casa, salgo a la calle semidesnuda, esperando ser follada por cualquier desconocido. En uno de esos paseos conocí a mi actual pareja que se acercó a mí para pedirme lumbre y yo, en lugar de proporcionarle lo que pedía, me saqué una teta y se la puse en la boca.
--¡Chupa, chupa, por favor!
Me lo hizo como nadie y, luego, como nadie me había follado hasta entonces, me folló él. Por eso se quedó conmigo. Ha pasado el tiempo, yo no me anuncio ya en los periódicos, porque me basta y me sobra con el hombre que tengo a diario en mi cama. Pero últimamente, parece ser, que se ha cansado de mi coño y sólo quiere follarme por detrás. ¿Se habrá vuelto maricón? ¡No! No lo creo, pues en cuanto me pone la mano encima, se le alza la polla y comienza a atacarme. He llegado a encoñarme con él. Soy una débil mujer dominada por el sexo. Una débil mujer que cierto día la enseñaron cierta polla y nunca más pude prescindir de ese "pedacito" de carne que tienen todos los hombres entre las piernas. ¡Es una delicia!
Soy feliz, pero lamento que a mi actual compañero le haya dado por mi culo, como ya os he dicho, olvidándose de mi coño que continúa palpitando. Necesita polla y no se la dan. Necesita que le metan algo duro y nada tiene. Debido a tal cuestión me he comprado un precioso consolador y, cuando mi hombre me folla por detrás, yo me introduzco ese artilugio por delante y me follo a mí misma. Resulta un número erótico genial que a mí y a mi pareja nos entusiasma. ¿Y qué más os puedo decir, si ya os lo he dicho todo? Pues que mi vida es de lo más normalita y que sólo aspiro a continuar siendo cuanto soy. ¿No creéis que estoy en lo cierto?
Adiós, os quiere vuestra amiga,
Pepita. Cádiz
|