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SHIBARI: DE ARTE MARCIAL A PLACER SEXUAL (2ª parte)


El mes pasado vimos como los antecedentes del Shibari están entroncados directamente con el papel de las cuerdas en la cultura japonesa desde que se tiene constancia, las vasijas, datadas de hace más de 12.000 años, pertenecientes al periodo Jomon o el que una de las artes marciales más importantes, el Hojojutsu, tuviese como arma una cuerda y cuyo fin consistía en capturar y atar al enemigo, de hecho, el Hojojutsu estaba entre las 18 habilidades vitales para la lucha que debían aprender los Samuráis, pero hay muchas otras referencias anteriores y posteriores al nacimiento del Hojojutsu que evidencian el relevante papel de las cuerdas en la cultura de Japón, desde pequeños detalles como el obi de los kimonos ó los gruesos cordones de seda con que se sujetaban las armaduras de los samuráis.

Para los japoneses, realizar ataduras con cuerdas es un acto casi tan natural como respirar, por ello es necesario tener siempre muy presente que el Shibari nace en Japón, en una cultura donde el equivalente al lenguaje de las flores que se usaba en nuestra Edad Media era el Mizuhiki, un atado ceremonial originario de la era Heian de Japón (794-1185). El nombre de Mizuhiki hace referencia tanto al acto en si, como al elemento que se usa para ello, un fuerte y delgado cordel de cáñamo con el que las damas de la corte ataban regalos y cartas, en función del nudo realizado se expresaba no solo la identidad del remitente, si no también sentimientos ó deseos. Siglos más tarde, ese mismo cordón sería el que los samuráis usarían para atarse el pelo como distintivo de su estatus y actualmente se sigue usando para decorar las mesas en las bodas, incluso el tocado ó el vestido de la novia puede estar realizado con Mizuhiki así como muchas de las esculturas de papel realizadas para dar buena suerte en las festividades.

La religión nativa Japonesa es el Shinto, cuyo significado sería “El camino de los Dioses” y como pasa en casi todas las religiones antiguas rinde culto a la naturaleza y sus múltiples deidades, llamadas Kami, que habitan en el agua, los arboles y cualquier lugar ú objeto de la naturaleza, estos lugares son considerados como la sagrada morada de un Kami, para señalar tal condición se rodeaba con un shimenawa, una cuerda adornada de papeles blancos originariamente confeccionada con paja de arroz, aunque actualmente se usen las de algodón ó cáñamo. Hay más puntos en los que el Shinto y las cuerdas se juntan, como el chinowa, un aro de cuerda para ceremonias de purificación ó el kadomatsu, un atado especial para recibir el Año Nuevo. La segunda religión en importancia de Japón es el Budismo y aunque en ella las cuerdas tengan mucha menos relevancia no resulta extraño ya que su origen está es la India al igual que el Kama Sutra, también existen muchas razones para pensar que fue el Kama Sutra, a través de la interpretación china del mismo, la base para el Shijuhatte (Las cuarenta y ocho posturas sexuales), es curioso que en el Shijuhatte existan determinadas posturas, como Daruma Kaeshi o el Yabusame, en las que las cuerdas son un elemento utilizado en el juego erótico, algo que no existe en el Kama Sutra hindú.

Es evidente que el Hojojutsu fue una adaptación de las costumbres y ceremonias japonesas a una época extremadamente belicosa y violenta en la que Japón, tras siglos de luchas intermitentes entre los clanes más poderosos, tuvo que soportar una guerra civil que duró cerca de 100 años y no fue hasta 1603 cuando por fin lograrían la paz como ya vimos en el anterior articulo, durante esa época de conflictos era habitual que los castigos fuesen realmente crueles y aunque muchos de ellos fueron prohibidos aun se mantuvo la ejecución pública, entre ellas son destacables, por su relación directa con el Shibari, las sufridas por las prostitutas del Yoshiwara ó “barrio del placer” de Edo (actualmente Tokyo), si estas mujeres cometían la osadía de intentar huir de sus “dueños” y eran atrapadas, se veían castigadas con todo tipo de vejaciones y castigos, entre los que habitualmente se incluía el exhibirlas atadas frente a la fachada de la casa donde trabajaba.

Tras la unificación del 1603, nació el Kabuki (“nuevo” teatro japonés), su creadora fue Okuni, una “miko” o sirviente de los templos Shinto, cuando empezó a incorporar diversos elementos dramatizando sus danzas, Okuni vivía en Kyoto, ciudad considerada como el centro histórico japonés de las artes. El éxito del Kabuki provocó que fuesen creándose distintas compañías que rivalizaban con sus actuaciones, aunque en un principio era representado por mujeres, el escándalo que suponía que estas fuesen muy habitualmente prostitutas, unido al contenido erótico, picaresco y sugerente de las obras, fueron obligadas a sustituir las actrices por jóvenes actores, quienes más tarde fueron sustituidos por actores de más edad. El Kabuki, casi desde sus inicios usaba la violencia y la crueldad como elementos para crear dramatismo, aunque siempre con la belleza estética presente en ella. Las obras de Kabuki no pueden ser consideradas de carácter sadomasoquista, pero si que incluyeron habitualmente escenas de ataduras, las cuales evidentemente son el eslabón que une al Hojojutso con el Shibari, claro que mientras que el Hojojutsu usaba la espalda como el lienzo donde hacer toda la ornamentación del atado, el escenario obligaba a que este fuese realizado en el pecho y también a remarcar las formas femeninas en los masculinos cuerpos de los actores.

Si bien es evidente que el Shibari fue evolucionando paulatinamente en función de la propia evolución de Japón, fue el artista Itoh Seiyu (1882-1961), quien está considerado como el padre del Shibari moderno, el que lo convirtió en algo mucho más importante que simples escenas dentro de una obra teatral. Itoh lo descubrió en 1896 mientras asistía a una representación teatral sobre la primera guerra Sino-Japonesa en la cual tres enfermeras eran capturadas atadas y torturadas, desde ese momento las ”Seme-e”, escenas de tortura realista y dominación cada vez más presentes en el Kabuki, fueron su pasión, no solo como expresión artística en sus dibujos, fotografías y escritos, también en la escritura de varios libros sobre sus orígenes. Durante el siglo XX, las escenas de “Seme-e”, fueron adquiriendo cada vez más importancia hasta que terminaron por ser espectáculos centrados en ellas y más tarde se convirtieron en espectáculos sadomasoquistas, especialmente recordados los de Osada Eikichi en los años sesenta que fueron los precursores de los actuales clubes SM actuales.

Otras disciplinas graficas como el Ukiyo-e, grabados en madera y dibujos realizados entre los siglos XVII y XX, fueron los primeros en representar escenas de Seme-e y Hojojutsu en los carteles que anunciaban las representaciones de Kabuki, poco a poco comenzó a surgir una rama de Ukiyo-e llamada Shunga, mucho más explicita sexualmente y de la que pocos artistas renegaron ya que suponía una más que rentable fuente de ingresos, realizar una de estas obras por encargos privados podía suponer un cobrar lo suficiente como para que el artista pudiese vivir seis meses, el más prolífico y relevante de todos los artistas de Shunga fue Yoshitoshi Tsukioka, quien además de recrear escenas de gran crueldad, supo imprimir una gran fuerza psicológica y dramática en las mismas junto con una visión muy occidental de la perspectiva.
Evidentemente, durante finales del siglo XIX y principios del siglo XX, tanto el Ukiyo-e como el Shunga fueron desplazados por la fotografía, pero es innegable que el Shunga es el antecesor más directo del Hentai y su influencia es muy notable.

Como se ha podido ver el Shibari, para los japoneses, tiene algo mucho más profundo que el simple divertimento, es parte de su historia, de su filosofía, de su religión, por lo que tan solo unos pocos occidentales que buscan algo más que lo divertido y erótico del acto de atar a su pareja pueden entender y apreciar, mientras tanto el resto nos tendremos que conformar viendo la belleza de esas cuerdas que atan a la mujer por que, aunque aprendamos la técnica y podamos hacer cualquier tipo de Shibari, nunca podremos tener ese sentimiento interior al atar a una persona que tienen los auténticos Bakushi, por cierto, tengo entendido que la película “Bakushi”, dirigida por Ryuichi Hiroki, es un esplendido documental sobre el Shibari.

Texto y fotos: Antonio Graell


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