|
Radiografía del sexo: EL AMOR POR LOS TRAPOS
No es muy frecuente que un fetichista acuda a la consulta de un sexólogo psiquiatra. En general llevan una vida bastante normal en lo aparente y su rara manía es ocultada hábilmente ante los familiares y amigos. Siempre que su afición no sea descubierta viven una doble vida tranquila y sin conflictos. Esto sólo puede aparecer cuando son descubiertos en su patológica forma de obtener el placer.
Si quisiéramos definir el fetichismo de modo sencillo, podríamos decir que es aquel modo de satisfacción sexual que se alcanza por medio de un objeto que siempre pertenece a otra persona y que además generalmente es deseada por el sujeto. Es muy común que estos objetos sean prendas interiores: un tanga, un sujetador, un liga, son en general los preferidos por este tipo de personas. Pero también otros elementos son capaces de desencadenar el orgasmo de un fetichista, valga como ejemplos un zapato, un bolso, un pañuelo, y hasta en casos muy extremos, el cabello mismo de la persona amada. Recuerdo ahora a un paciente que llegó a la consulta cansado de cambiar de novias; no entendía por qué las dejaba si él creía amarlas. El tratamiento reveló que siempre salía con mujeres que usaban flequillo, y que su manía en cortarlo con una tijera para luego masturbarse con él en soledad, era poco aceptado por sus mujeres. Estas optaban por cambiarse el peinado para librarse de la obsesión de su compañero y entonces él, sin saber muy bien la causa, las tenía que dejar.
Hablamos de fetichismo siempre en el hombre, pues es una pasión típicamente masculina, y es bastante inhabitual encontrarla en la mujer. Cuando se da algún caso femenino en general está tapando comportamientos sexuales más graves que pueden llegar hasta las mutilaciones.
Pero comentemos el caso de Jorge, quien desde muy temprana edad toma consciencia de su extraña manía.
“Soy hijo único de una hermosa mujer. De pequeño siempre fui muy apegado a mi madre y poco veía a mi padre, pues su vida de negocios lo tenía, en general, alejado de casa debido a sus incesantes viajes y reuniones.
Hacia los dieciocho años, Carmen, prima segunda de mi madre, vino a vivir con nosotros. Después de un corto matrimonio quedó viuda y creo que por temor a la soledad necesitó de nuestra casa, pues no tenía más familia que nosotros. Justamente por esa época yo comenzaba a tener eyaculaciones entre sueños. Carmen era físicamente muy hermosa, con grandes pechos, y tenía diez años más que yo. Esto hizo que rápidamente empezara a sentir una gran admiración por ella y por qué no decirlo, un gran deseo.
En aquel tiempo creo que las mujeres eran más cuidadosas con sus prendas interiores. Recuerdo las cuerdas del tendedero de mi casa, había siempre allí una maravillosa colección de bragas y hermosos sujetadores. La suavidad del raso de los camisones de Carmen me enloquecía. Un día me decidí a toquetearlos por largo rato, era algo sublime, sentía que la polla se me ponía enhiesta como nunca; pero, ¿qué podría decir si me sorprendía en tal actividad? Así fue como tomé la decisión de no toquetear más esas prendas en el tendedero. Una noche saqué un finísimo camisón y aprovechando que todos dormían lo llevé a mi habitación para iniciar la bacanal.
Era una prenda de mi prima y desprendía un leve perfume a lilas. Ella aclaraba toda su ropa en un agua a la que agregaba unas gotas de esencia de esas flores. Me desnudé completamente y me acosté en la cama muy temeroso de ser descubierto. Mientas restregaba mi espalda y mi torso entre mis suaves sábanas comencé a arrollar el camisón a mi duro pene. Una vez que estuvo bien envuelto mi mano no dejó de amasarlo al tiempo que imaginaba el cuerpo que habitaba esa prenda. Veía a Carmen arrastrarse por mis piernas hasta llegar a mi sexo y chuparlo con locura. Fantaseaba que se ponía en cuatro patas y ofrecía su blanco y regordete culo a mi fornida polla.
El sueño acabó cuando en un violento orgasmo eyaculé sobre la limpia tela de raso. De más está decir que no pude volver a dejarla en su sitio ya que estaba totalmente manchada. Comprendí que esas prendas de gran tamaño eran más controlables que las pequeñas y fue entonces cuando me aficioné a las bragas. Pensé que eran más y podrían confundirse, pero no fue así. Mi madre y mi prima empezaron a tener en cuenta todo lo que dejaban para lavar, con la idea de descubrir a la ladrona, que pasaba cerca de nuestra casa, pues suponían que sólo una mujer podía desear esas prendas. De ahí que tuve que conformarme con mi pequeña colección sin poder agrandarla. La ropa fue perdiendo ese hermoso olor a lilas y en su lugar empezó a surgir un fuerte olor a transpiración y semen reseco. Yo solía sacar por las noches, cuando todos dormían, mi pequeña colección. La extendía sobre la cama y entonces me iba masturbando con cada una como si se tratara de muchas mujeres. Terminaba extenuado luego de tan fantásticas orgías.
Ahora, pasaron los años y ninguna mujer pudo ser mi esposa. Cuando follo con alguna es sólo con la esperanza de poder tener sus tangas y sujetadores. Siempre les digo que se trata de un recuerdo de esa noche de pasión, pero la pasión en realidad es con sus prendas, con las que me divierto muchísimo.
Pero desde hace un tiempo la cosa se ha agravado de tal modo que temo por mi salud mental, estoy obsesionado todo el día en buscar esas prendas y en algunas páginas en Internet he encontrado que venden prendas usadas. Tal es mi estado que me gasto la mayoría de mi suelo en esta obsesión. Estoy completamente desesperado porque no me lo puedo quitar de la cabeza.
Creo que es algo que jamás podré superar”.
Vemos con este caso hasta qué extremos puede llegar la manía fetichista. Jorge, aun a costa de su propia salud, se gasta todo su sueldo por un tanga. Para él esta prenda es como una especie de droga heroica, que le permite seguir su triste existencia de placer.
A los meses de estar tratándose sucedió que un íntimo amigo descubrió su afición maniática, y hasta tal punto llegó su vergüenza que en menos de una semana partió para siempre de la ciudad y nunca más se supo de él.
POR LA DRA. FRANCIS DARTHOM. PSICOSEXOLOGA
|